En Aragón, el primer examen de la coalición PP-Vox no ha sido un mitin ni un tuit: ha sido el techo de gasto. Y lo han aprobado. El mayor de la historia de la comunidad. 8.398 millones de euros de capacidad de gasto no financiero. Paso previo a unos presupuestos que el consejero de Hacienda, Roberto Bermúdez de Castro, sitúa para después de las Fiestas del Pilar, a finales de octubre.

La aritmética del pleno no es un milagro. PP y Vox no han tejido un pacto bilateral con la oposición, pero han contado con la abstención del PSOE y de Teruel Existe. Chunta Aragonesista e Izquierda Unida han votado en contra. El propio Bermúdez de Castro lo ha dejado seco: votar el techo no es votar las cuentas; es abrir el trámite. “Es complicado encontrar excusas para votar en contra”, ha dicho.

Detrás del número gordo hay una previsión de ingresos no financieros de 8.039 millones. De ellos, 6.016,8 millones llegan por el sistema de financiación autonómica y 715,9 millones por tributos propios y cedidos. Al resto se suman 57,9 millones ligados a la tasa de referencia de déficit del 0,1% del PIB y 300,4 millones de ajustes de contabilidad nacional. Así se llega al límite récord de 8.398,1 millones.

La pelea política no está solo en la cifra. Está en la letra del acuerdo de gobierno: la “prioridad nacional”. El vicepresidente Alejandro Nolasco ya la aplica en Derechos Sociales. Con presupuestos nuevos —los vigentes son de 2024— ese criterio puede extenderse a Educación o Sanidad. Ahí es donde la oposición verá si el techo de gasto era un trámite contable o el primer ladrillo de un cambio de modelo.

Para la derecha aragonesa, el mensaje es de gobernabilidad. Coalición que saca adelante el trámite más duro del calendario, sin quedar rehén de un bloqueo permanente, y con una oposición que, al abstenerse, reconoce al menos que no hay argumento fácil para tumbar el techo. Para la izquierda del hemiciclo, la abstención del PSOE será leída como comodidad o como cálculo: dejar pasar el procedimiento y guardar la pólvora para las cuentas reales.

Lo que no se puede negar es el marco. Mientras en Madrid se pelea cada real decreto a dentelladas, en Zaragoza PP y Vox demuestran que, al menos en este primer paso, pueden cuadrar números y calendario. El test de verdad llegará en octubre, cuando el techo deje de ser un techo y se convierta en partidas: quién gana, quién pierde y qué significa de verdad eso de “prioridad nacional” cuando toca repartir el dinero de todos.