En el auditorio del Parque Lineal del Manzanares, el Frente Amplio ha hecho lo que la noche del viernes no consiguió con los morados: salir a escena. Quince organizaciones —IU, Más Madrid, Comuns, Movimiento Sumar y aliados territoriales— presentan a Ada Colau como cabeza de cartel y cierran el capítulo con una consigna en inglés que suena a terapia de pareja fallida: «No more drama».

Colau, aspirante a la Presidencia por la lista de Barcelona, lo dice sin rodeos. Habrá gente decepcionada, lo sienten, pero «hasta el último minuto no bajamos los brazos» y «se ofreció todo». El límite, según ella, es de manual: «Si alguien no se quiere sentar a una mesa, no se le puede obligar». Lo recogen Cadena SER, Infobae/Europa Press y el relato de EL PAÍS sobre el naufragio del pacto global con Podemos al cerrarse el registro de coaliciones.

Unidad con un hueco morado a la vista

El mapa es tosco y verificable. Solo hay confluencia amplia con Podemos en contados territorios —Comunidad Valenciana y Canarias figuran como excepciones en el relato periodístico—. En Madrid, el elector a la izquierda del PSOE elige entre la lista de Irene Montero y la de Emilio Delgado (Más Madrid) dentro del Frente Amplio. En Barcelona, Colau lidera la coalición y Ernest Urtasun aparece como número dos en el relato de la SER.

Delgado, en el atril, traduce la estrategia: se acabó el tiempo de unir partidos; toca unir a la gente. No más culebrones. Bustinduy, Urtasun, Valero y Barbero arengan con el mismo guion: no rendirse, no confundir de adversario, volver a ser «llave» de un Gobierno progresista. Hay ministros y sindicatos en la platea —Sira Rego, Unai Sordo—, foto de espacio de gobierno, no de pelea de siglas.

El dardo al PSOE y el techo de la alegría

Colau no se limita a llorar a Podemos. Carga contra el PSOE: no basta el miedo a la ultraderecha; hay que combatir un malestar real —vivienda, Estado del bienestar, derechos básicos—. «No hemos venido a gestionar la desigualdad», dice, sino a cambiar reglas e intervenir el mercado de la vivienda «no para defender a los especuladores». Es el marco de izquierda a la izquierda de Ferraz: el 29-N no es solo un dique anti-Vox.

Urtasun enlaza pensiones públicas y el fantasma de la «motosierra», y responde a Feijóo —que bautizó el pacto del Senado como «coalición de desesperados»— con el espejo invertido: desesperado sería quien lleva años corriendo detrás de Vox. Esa réplica es campaña. No es, por sí sola, un sondeo ni un escaño.

Qué cambia y qué no

Desde la mesa progresista cambia el reloj mental: dejan de negociar en público con los morados y pasan a movilizar con 15 organizaciones y un mensaje de unidad popular. Cambia también el tono hacia el PSOE —más exigente en vivienda y desigualdad—. No cambia aquí el resultado del 29-N ni se inventa que la división con Podemos sea irrelevante en Madrid o Cataluña. La hipótesis de izquierda es sobria: sin drama de siglas y con agenda de transformación, el voto útil de la izquierda alternativa puede aún decidir si hay llave de Gobierno o solo foto de derrota.