Había reloj. Medianoche del 16 de octubre cerraba el plazo para registrar coaliciones, y la izquierda a la izquierda del PSOE en la Comunitat Valenciana llevaba días con el cuchillo entre los dientes. Al final salió una sola papeleta: Compromís-Front Valencià. Compromís, Podem, Esquerra Unida del País Valencià (EUPV) y Esquerra Republicana (ERPV) concurrirán juntos al 29-N. No es un milagro místico. Es un acuerdo de último minuto, con heridas abiertas y un «sí, pero» que pesa tanto como el sí.

Lo importante, en llano: quien quiera votar a ese espacio en Valencia, Alicante o Castellón no tendrá que elegir entre cuatro listas que se comen escaños entre sí. Habrá marca propia valenciana, logos de los socios debajo y la promesa —ambiciosa— de pelear un grupo parlamentario propio en el Congreso, o sea, superar los cinco diputados. En 2023, con Sumar, sacaron cuatro. La aritmética del 29-N todavía no se ha escrito.

El portazo de anoche y el sí del 66%

El drama de la jornada lo protagonizó Esquerra Unida. La víspera, su Consell Polític Nacional rechazó entrar en la coalición con un 75% en contra. Este viernes, tras retocar la oferta —sobre todo el nombre—, el mismo órgano dio luz verde con un 66%. El salto «cualitativo», según EUPV, es que la denominación sea Compromís-Front Valencià y que figuren los logos de todos. No quieren diluirse en «una candidatura ajena»; Compromís, a su vez, no quería diluirse en el Frente Amplio nacional de IU, Más Madrid, Comuns y el Sumar de Yolanda Díaz.

La coordinadora Rosa Pérez Garijo no vendió el pacto como bodas de plata: «No es un buen acuerdo ni es el acuerdo que querríamos. Pero estaremos a la altura del momento histórico». El diputado Nahuel González da un paso al lado y no irá en las listas «para facilitar este acuerdo». Fuentes de EUPV señalan a Lara Manyes como número tres por Valencia. Y ojo al matiz institucional: la militancia de EUPV debe ratificar el pacto en los próximos días con consulta vinculante. Hasta entonces, el acuerdo es político; no es dogma cerrado.

Quién va dónde (y por qué importa Alicante)

El mapa de cabezas de lista repite, grosso modo, el esquema de 2023. Por Valencia: Águeda Micó (Més) uno, Alberto Ibañez (Iniciativa) dos —se alternarán la portavocía cada seis meses—, EU tres y Podem cuatro. Compromís encabeza también Castellón. Podem se queda el número uno por Alicante con María Teresa Pérez. Dentro de Compromís, las tensiones Més–Iniciativa —herencia de la era Oltra y del cisma con Sumar por la comisión de la dana— han vuelto a aflorar; Ibañez no sube por encima de Micó, y eso duele en Iniciativa. La unidad externa no borra la guerra de pasillos.

En paralelo, las bases de Podemos a nivel estatal avalaron con un 87,7% ir a «las candidaturas más fuertes y amplias posibles»: el pacto valenciano, cooperación con ERC y Rufián en Catalunya, coalición en Canarias y acuerdos al Senado en las Pitiusas y Menorca. El Frente Amplio celebra Valencia y pide clonar el modelo. Traducción de metro: en un país donde la izquierda alternativa se pelea el escaño residual, Valencia ha preferido sumar antes de restar.

Qué no conviene hinchar

Una papeleta única no garantiza escaños ni frena sola a la derecha. Tampoco convierte a Compromís en apéndice de Díaz ni a EUPV en socio entusiasta. El marco progresista puede decir, con los hechos encima de la mesa, que el último día del plazo se evitó el suicidio electoral del troceo valenciano. El resto —grupo propio, campaña con Rufián, ratificación de la militancia de IU— se demostrará en octubre y noviembre. Hoy hay coalición. Ayer casi no la había. Eso, en política, ya es noticia.