En Barcelona, el domingo, Alberto Núñez Feijóo no presentó un PowerPoint de vivienda asequible. Presentó un reloj. «Fuera en 48 horas, sí o sí», dijo sobre la ocupación ilegal, y encargó al alcalde de Badalona y cabeza de lista por Barcelona, Xavier García Albiol, liderar la futura ley antiocupación si el PP llega a Moncloa. No es un detalle de mitin local: es el eje con el que la derecha quiere responder a tres semanas de acampadas por el derecho a la vivienda sin regalar el marco a la izquierda.

Qué ha marcado las últimas horas (lectura conservadora). Feijóo, con Albiol y Alejandro Fernández, fijó tolerancia cero con okupas, delincuencia y reincidencia, y «protección máxima para el ciudadano honrado». Albiol lo aterrizó el lunes en tele: Cataluña concentra, según su cifra, el 40% de las okupaciones de España; distingue entre personas vulnerables —que deben ir a servicios sociales— y quienes «viven de la okupación» o forman parte de mafias; y resume la reincidencia con una frase que esta mesa no suaviza: si es español, a la cárcel; si es extranjero, expulsado. El mismo lunes, en el Espacio Larra de Madrid, Feijóo presentó en solitario el «Contrato con España»: un manifiesto de 12 puntos al estilo del Contrato con Galicia de 2009. El punto 4 no deja duda: plan de un millón de viviendas, ayudas a jóvenes, menos burocracia, cesión de suelo y desalojo de ocupantes ilegales en 48 horas.

Opinión del día. Se puede llamar endurecimiento. Se puede llamar demagogia. Esta mesa lo llama lo que el votante de barrio lleva años pidiendo sin encontrar eco en Moncloa: que el derecho de propiedad no sea un chiste procesal mientras el okupa convierte el portal en territorio conquistado. La izquierda insiste en que el drama es el precio del alquiler —y el precio es real—. Pero responder a la crisis solo con bonificaciones al casero y límites al alquiler de temporada, sin una respuesta dura a la ocupación delictiva, es dejar a la familia que trabaja con la sensación de que el Estado protege antes al que rompe la puerta.

La lectura de metro es cruda. Quien paga hipoteca o alquiler no discute el «Senado de progreso» a las ocho de la mañana: discute si puede irse de fin de semana sin encontrarse la cerradura cambiada. Feijóo ha entendido que el 29-N en Cataluña y en el arco mediterráneo no se gana solo con fiscalidad: se gana si el PP deja de parecer un partido de despacho y recupera el lenguaje de quien vive el portal. Por eso Albiol no es un adorno: es el mensaje. El riesgo es obvio —que el discurso se confunda con castigo a la pobreza— y el propio Albiol ha marcado la línea roja de los vulnerables. Quien ignore esa línea regala el relato; quien ignore a las mafias de la okupación regala el barrio.

El Contrato con España intenta envolver la medida en un marco más ancho: fronteras, jueces elegidos por jueces, menos ministerios, inmigración regular sin regularizaciones masivas, pensiones con IPC, educación con exigencia, rebaja fiscal. Bien. Pero el pegamento electoral de esta semana no es el punto 12 de acción exterior: es el reloj de 48 horas. La izquierda responderá que es un «disparate», como ya ha esbozado Yolanda Díaz. Perfecto: que expliquen entonces por qué en demasiados juzgados el desalojo se mide en meses y el propietario en facturas de abogado.

Hay un matiz que esta mesa no regala. Prometer 48 horas sin capacidad policial, sin reforma procesal y sin alternativa habitacional de emergencia es marketing. Gobernar exigirá letra pequeña: tipologías delictivas, reincidencia, okupación de primera versus segunda residencia, y coordinación con ayuntamientos. Pero el orden de la frase importa: primero se dice que la ley está del lado de quien tiene título; después se diseña el procedimiento. Invertir el orden —compasión abstracta primero, propiedad nunca— es el error que ha hinchado a Vox en barrios donde el PP llegó tarde.

Qué debe pasar esta semana en clave conservadora.

  • Bajar el Contrato con España del manifiesto a tres concreciones: 48 horas, un millón de viviendas y fechas de tramitación.
  • Separar okupación delictiva de exclusión social en cada intervención, sin dejar que la izquierda confunda ambas.
  • Exigir a Albiol un borrador con juristas y afectados antes del 13-N, no solo eslóganes de domingo.
  • No regalar Cataluña: seguridad y vivienda son el terreno donde el PP puede frenar a Vox sin copiar su catálogo entero.

Diario de precampaña, día once. Tesis de esta mesa: si el 29-N se juega también en el portal de la finca, Feijóo ha elegido el marco correcto al poner reloj y no solo subvención. Gana si convierte las 48 horas en ley practicable; pierde si deja la frase en campaña y el desalojo en el calendario judicial de siempre.