Mientras el PSOE y el Frente Amplio todavía miden si son capaces de tejer listas conjuntas al Senado, EH Bildu y ERC ya han movido ficha. Este sábado han anunciado que reeditan la coalición con la que concurrieron a la Cámara Alta en 2023. No es un detalle técnico: es un aviso de que, en el tablero del 29-N, la izquierda soberanista prefiere sumar antes que pelearse por la foto.

En un comunicado recogido por Europa Press, ambas formaciones presentan la alianza como herramienta para “defender los derechos nacionales de Euskal Herria y Catalunya”, ampliar derechos sociales y hacer frente a lo que llaman el “bloque reaccionario”. El tono no es de trámite electoral. Es de campaña: “hay partido, y es posible ganarlo”.

Por qué el Senado importa tanto

El Senado no es un museo de togas. En esta legislatura ha sido un ariete de la mayoría del PP: dilaciones, reformas del reglamento y una pelea constante con el Congreso. Por eso la izquierda ha empezado a mirar la Cámara Alta con lupa. El sistema provincial premia al más votado —suele llevarse tres de cuatro escaños— y castiga la fragmentación. Si se va cada uno por su lado, la derecha saca más de lo que le tocaría por votos; si se acumulan fuerzas, el reparto cambia.

Bildu y ERC no pretenden resolver solas el mapa estatal. Su coalición es específica, soberanista y de continuidad. Pero llega el mismo fin de semana en el que Ferraz admite estudiar candidaturas conjuntas con fuerzas a su izquierda y en el que una plataforma cívica empuja a “Senadoras y senadores por la Democracia”. El mensaje de fondo coincide: sin unidad táctica, el Senado se le escapa a la izquierda.

Vivienda, naciones y reloj electoral

El comunicado no se queda en la simbología. Coloca la emergencia habitacional entre los problemas centrales de Euskal Herria y Catalunya y se compromete a defender el derecho a la vivienda. Es un puente con la agenda que ha marcado el final de legislatura —desahucios, decretos y calle— y una forma de decir que la alianza no es solo identitaria.

También hay reloj. El 16 de octubre es la fecha límite para comunicar coaliciones a la Junta Electoral. Bildu y ERC llegan pronto a esa casilla. Otras piezas del puzzle progresista, en cambio, siguen a media negociación. Esa asimetría importa: quien cierra antes reduce ruido interno y se presenta como actor fiable ante un electorado que ya huele a urna.

Lo que no hay que inflar

Reeditar una coalición no equivale a haber ganado el Senado ni a haber cerrado un bloque de investidura. No hay, en el anuncio de este sábado, reparto público de puestos ni proyección cerrada de escaños. Hay una decisión política verificable: repetir la fórmula conjunta y reclamar acumulación de fuerzas frente a la derecha.

Para la mesa de izquierdas de Politic.es, el valor del movimiento es doble. Primero, demuestra que la unidad no es solo un eslogan para mítines: a veces es un papeleo electoral con consecuencias de escaño. Segundo, deja en evidencia a quienes, en el espacio progresista estatal, siguen discutiendo siglas mientras el calendario avanza. El 29-N no premiará la pureza: premiará quién sepa sumar sin perder el suelo social.