Feijóo no ha empezado la precampaña del 29-N en un plató amable. La ha llevado a Ceuta. Es su primer viaje tras el adelanto electoral y el quinto a la ciudad autónoma desde la entrada masiva de inmigrantes de finales de julio. El mensaje es deliberado: frontera, españolidad y Estado antes que eslóganes de comodín. Si Sánchez ha puesto las urnas, el PP quiere decidir también el mapa simbólico de la pelea.

Según el partido, el líder popular reiterará el “rotundo compromiso” con la españolidad de Ceuta y Melilla y el apoyo a unos vecinos que, más de dos meses después del asalto a la valla, siguen conviviendo con las secuelas de aquella crisis. No es un detalle de agenda. Es el intento de convertir la integridad territorial y el control migratorio en eje de campaña frente a un Gobierno al que Génova acusa de haber dejado cortas a las ciudades autónomas.

De la medalla del Senado a la Junta Directiva

La secuencia está pensada. Antes del desplazamiento, Feijóo encaja el acto institucional en el Senado de entrega de la medalla de oro a los presidentes de Ceuta y Melilla, Juan Jesús Vivas y José Imbroda. El jueves reúne la Junta Directiva Nacional para activar listas, programa y calendario. El PP dice tener avanzado en torno al 80% del programa y pone encima de la mesa vivienda, fiscalidad y una ley antiokupación, pero el primer fotograma de la precampaña no es un plano de obra: es la frontera sur.

En paralelo, Feijóo ha fijado el marco moral del 29-N. Celebró la convocatoria como “la única buena noticia” que Sánchez podía dar y atribuyó el adelanto al “miedo” a que se conozca “hasta el último detalle” de la “maraña de casos de corrupción”. Planteó las urnas como plebiscito entre corrupción y decencia, decadencia y prosperidad. Se puede discutir el tono; no se puede fingir que el PP llega a Ceuta solo a hablar de turismo.

Por qué Ceuta y por qué ahora

Hay cálculo electoral y hay realidad de Estado. Ceuta concentra migración irregular, presión sobre servicios públicos, relación con Marruecos y un debate de seguridad que la izquierda a menudo prefiere diluir en eufemismos. Llevar ahí el primer viaje obliga a hablar de valla, de capacidad de respuesta y de si España defiende o administra su perímetro. RTVE confirma además que el miércoles también se mueve el ministro de Hacienda, Arcadi España, con reunión prevista con Vivas: la precampaña y la gestión chocan en el mismo escenario.

Feijóo niega el paralelismo con 2023 y sostiene que esta vez el bloque de la derecha parte con otra anatomía de escaños, empujado por el peso de Vox. Esa lectura la publican los sondeos y la asume Génova con cautela de manual: nadie da la victoria por hecha, pero sí se descarta la resignación de hace tres años. Abrir en Ceuta sirve para decir que el PP no solo pelea la Moncloa por Excel de impuestos; pelea el relato de país que no se deja bordear.

Estado, no mitin de temporada

Quien vea solo “señuelo antiinmigración” se queda corto. Hay una disputa más gruesa: si la campaña va a girar otra vez en torno a la supervivencia personal de Sánchez o en torno a fronteras, vivienda, fiscalidad y autoridad institucional. Feijóo ha elegido empezar por lo segundo. Puede ser oportunismo. También puede ser el reconocimiento de que, sin integridad territorial creíble, el resto del programa suena a catálogo de feria.

El 29-N se decidirá en colegios de toda España, no en un solo muelle. Pero las campañas se ganan también eligiendo el primer tablero. El PP ha puesto el suyo en Ceuta. A la izquierda le toca responder con política de Estado, no con sermón. Porque cuando la frontera se convierte en el primer viaje del rival, negar el problema no lo apaga: lo regala.