Mientras en Valencia la izquierda cosía una papeleta a contrarreloj, en Toledo Alberto Núñez Feijóo hablaba de pueblos, impuestos y neveras. En el acto de Afammer por el Día Internacional de las Mujeres Rurales, el líder del PP colocó una de las promesas más nítidas de su precampaña del 29-N: «impuesto cero» para comprar una vivienda como primera residencia en el medio rural. No es un eslogan suelto. Va envuelto en un paquete fiscal y de relevo generacional pensado para quien aún cree que España no termina en la M-30.
El diagnóstico popular es duro y electoral: el campo «soporta una carga fiscal excesiva»; «el trabajo solo da para sobrevivir»; según el propio Feijóo, los alimentos han subido un 43%. La receta, en cambio, es clásica de la derecha liberal-conservadora: menos tributos, menos papeles, más crédito y un guiño explícito a los menores de 40 años que quieran quedarse o volver al pueblo.
Qué propone, punto por punto
Además del impuesto cero a la primera casa rural, el presidente del PP avanza una exención total del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y del de Actos Jurídicos Documentados en la primera transmisión a jóvenes de menos de 40 años —El Mundo detalla también el encaje para facilitar el relevo de negocios familiares—. Suma una cuota de autónomos de 50 euros al mes durante tres años para menores de 40 que emprendan en zonas rurales; una bajada del 50% del IRPF en los primeros años de actividad; un bono de incorporación de hasta 15.000 euros; y avales públicos de hasta el 80% para inversiones en explotaciones.
En el capítulo agrario reivindica la ley de fiscalidad agraria que el PP sacó del Senado y que, dice, quedó bloqueada en el Congreso: adaptar el pago de impuestos a los ciclos productivos para no ahogar al agricultor en el año malo con la factura del año bueno. En Europa, reitera el no a recortes de la PAC y se apunta a la «emergencia regulatoria» que cita junto a Alemania, Italia y Bélgica: menos burocracia, una sola presentación de documentos, más tiempo al tractor y menos al formulario.
Galicia como carta de presentación
Feijóo no improvisa el relato. Recuerda que parte de estas ideas —los «impuestos cero» en los pueblos— las aplicó en Galicia y se presenta como alguien que puede ser «el primer presidente nacido en el medio rural» si los electores quieren. El mensaje a la España vaciada es directo: no sois un museo etnográfico; sois despensa, empresa y voto. El mensaje a la franja urbana moderada es otro: hay vida más allá del control de alquileres y de los decretos de Moncloa.
Conviene no convertir el mitin en BOE. Son promesas de campaña, no normas en vigor. Falta aterrizar competencias autonómicas en ITP/AJD, coste para las arcas y letra pequeña de qué cuenta exactamente como «ámbito rural». Pero el contraste político es legítimo: frente a un Gobierno que lleva meses peleando la vivienda desde el atril institucional y los decretos, el PP pone el acento en bajar la factura fiscal de quien se va al pueblo a vivir y a producir.
El 29-N también se juega fuera de la gran ciudad
La izquierda hablará de especulación y de fondos. Feijóo habla de relevo, mujeres rurales (solo tres de cada diez explotaciones están en sus manos, según su intervención) y de una España donde «nadie tenga que explicar de dónde viene». En precampaña, cada bando elige su foto. La de este viernes en Toledo es clara: llave de casa, recibo más bajo y un campo que no quiere ser vestigio. El electorado decidirá si eso es política útil… o solo un mapa electoral bien dibujado.
