Feijóo no necesitaba un plató. Bastaba el Foro La Toja, O Grove, y un país mirando al mismo tiempo la calle de la vivienda y el reloj electoral de Moncloa. El mensaje del sábado fue de manual de oposición que ya no pide turno: dejen de amagar y convoquen.

Según EFE y crónicas de Ideal y laSexta, el líder del PP cerró la VIII edición del foro cargando contra lo que llama “desorden nacional” y falta de “higiene” institucional. No era solo un ataque al tono de Sánchez. Era un catálogo: gobernar a golpe de real decreto, legislatura sin Presupuestos nuevos (siguen prórrogas desde las cuentas de 2022, según el propio marco que usa Feijóo), instituciones al servicio de un proyecto personal y una vivienda convertida, en su relato, en “símbolo del fracaso” del Gobierno.

La frase que viaja es clara y está repetida en agencia: España tiene “derecho a decidir ya”; no pide urnas por “revanchismo”, sino porque el país “no aguanta más”. En paralelo, Feijóo se compromete a una fórmula legal para que, tras la primera prórroga de unos Presupuestos no aprobados, se disuelvan las Cortes. Es decir: quiere convertir el vacío presupuestario en detonador automático, no en costumbre.

También promete —como prioridad del primer mes si gobierna— un plan de vivienda orientado a la oferta. Ideal recoge su referencia al déficit de construcción y a la idea de un millón de viviendas como horizonte (el orden de magnitud que el PP asocia al Banco de España). Aquí conviene el matiz factual: es una promesa de oposición, no un BOE. Lo que sí es hecho es el encuadre: menos decretos de control del alquiler, más construcción y seguridad jurídica para sacar stock.

El contexto importa y no lo inventa el PP. El viernes el Congreso tumbó los dos decretos de vivienda del Gobierno con el voto de PP, Vox y Junts (y UPN en el relato de varias crónicas). Sánchez abrió un periodo de reflexión sobre un posible adelanto; en el aire flota la ventana del 29 de noviembre si disuelve. Feijóo, en La Toja, se declara listo y convierte la duda de Moncloa en presión: o hay fecha o hay agonía alargada.

Hay una trampa en la que la derecha no debería caer y que, sin embargo, conviene nombrar con honestidad: mezclar “higiene democrática” con la tesis de que toda protesta es caos. La crisis de techo no se apaga solo con urnas ni solo con un millón de pisos en PowerPoint. Pero el argumento institucional de Feijóo toca un nervio real: un país que normaliza no tener Presupuestos, decretos contradictorios y una oposición a la que se invita al ring electoral sin poner fecha, acaba viviendo en precampaña permanente. Eso no es estabilidad. Es ruido con despacho.

LaSexta resume otra línea del discurso: no más consejos de ministros para “amedrentar” al Poder Judicial ni gobiernos de “activistas” cuya meritocracia sea la obediencia al presidente. Son acusaciones políticas duras; no son condenas judiciales. El valor informativo está en el programa implícito: regeneración institucional + disciplina presupuestaria + plan de oferta en vivienda + elecciones ya.

Mientras Moncloa mira sondeos y calles, Feijóo ha hecho lo que sabe hacer un líder de la oposición en Galicia con micrófono propio: fijar el marco del fin de semana. O Sánchez convoca, o cada día sin fecha se lee como miedo a la urna. Eso, en política, es casi peor que perder: es parecer que no te atreves a contar los votos.