La economía española no se cae por un agujero. Se frena. Y lo hace con la inflación todavía clavada en el bolsillo. Funcas ha actualizado este jueves sus previsiones 2026-2028 y deja un mensaje incómodo para el relato de Moncloa en pleno 29-N: el PIB crece un 2,5% este año —una décima por debajo de lo que espera el Gobierno—, pero baja al 1,8% en 2027 y al 1,7% en 2028. No es el fin del mundo. Es el fin del brindis fácil.
Carlos Ocaña, director general del think tank de las cajas, lo resume sin drama ni perfume: la economía “se desacelera suavemente” en un entorno de inflación y tipos “sensiblemente más altos de lo que se esperaba”. “No estamos ante una crisis”, matiza. El problema son las variables financieras que comen margen: precios, crédito y deuda. La lectura liberal-conservadora es prosaica: cuando el crecimiento maquilla el déficit, todo parece bajo control; cuando el motor pierde vueltas, aparece la factura.
Inflación enquistada y familias que tiran del colchón
Funcas eleva la inflación media al 3,7% en 2026 y al 3,1% en 2027. El 90% del diferencial con la zona euro vendría de la subyacente —servicios al entorno del 4%—, no solo del petróleo. En el verano, gasolina (+26%), gasóleo (+29%) y electricidad (+59%) han empujado, pese a unos 12.000 millones en ayudas. Los salarios de convenio crecen un 3,6%, por debajo de esa inflación media: las familias pierden poder adquisitivo y han sostenido el consumo con ahorro. La tasa de ahorro ha bajado del 13% al 11%; el consumo crece más que la renta disponible (6,3% frente a 4,9%). Raymond Torres avisa: tirar del colchón “no es sostenible a muy largo plazo”.
El frenazo ya se ve en el ritmo trimestral: del 0,7% en el segundo trimestre al 0,5% en el tercero y al 0,4% en el cuarto. La demanda interna aportará menos (de tres puntos este año a unos dos en 2027). El exterior no compensa: importaciones al alza, exportaciones flojas por Europa y turismo que pierde empuje tras años de saturación.
Déficit, intereses y el espejo francés
Con tipos al alza —Funcas ve el Euríbor cerca del 3% y el bono en el 4%— el servicio de la deuda se come política pública. Ocaña cifra en torno a 20.000 millones al año que dejan de estar disponibles para otras partidas por intereses; el coste puede superar los 60.000 millones de aquí a 2030. El déficit, lejos de cerrarse con holgura, iría del 2,5% del PIB este año al 2,7% en 2027 y al 2,9% en 2028: dentro del 3% europeo, pero sin colchón. Torres compara con Francia: la diferencia no es tanto el agujero como el crecimiento que lo tapa. “Cuando no hay crecimiento, el déficit surge plenamente”.
El empleo sigue creando puestos —unos 770.000 netos hasta 2028 y paro hacia el 9%—, pero a mitad de ritmo. Y si la llegada de mano de obra se reduce a la mitad, el PIB perdería dos décimas anuales y la deuda podría irse al 97,8% del PIB en 2030. Traducción de campaña: el “somos la gran economía que más crece” no borra ni la cesta de la compra ni el interés de la hipoteca.
Qué cambia y qué no
Cambia el mapa macro de precampaña: Funcas no tumba el 2,5% de 2026, pero dibuja dos años de enfriamiento con inflación pegajosa y margen fiscal menguante. No cambia, por sí solo, el dato oficial del INE ni un recorte automático de pensiones o gasto. La hipótesis de la mesa de derecha es otra: quien gaste el colchón en titulares de crecimiento mientras suben carburante, tipos y deuda, llega al 29-N vendiendo sol cuando el termómetro ya marca otoño.
