Cuarta jornada de huelga indefinida en la educación pública madrileña y el conflicto ya no cabe en el patio del cole. A primera hora, decenas de docentes cortaron la A-3 a la altura de Moratalaz con pupitres y una pancarta. Más tarde, la protesta llegó hasta un acto de Isabel Díaz Ayuso en el Palacio de Santoña: la Policía tuvo que abrir paso y la presidenta salió entre tensiones. No es un “ruido de campaña”. Es una plantilla que lleva días diciendo que sin ratio, sin horario y sin sueldo digno la escuela pública se queda en eslogan.
El corte de la A-3, en el kilómetro 5, paralizó el tráfico en hora punta. Los convocantes colocaron pupitres sobre la calzada, vistieron el verde de la marea educativa y el amarillo de las escuelas infantiles, y se retiraron pasadas las nueve tras la intervención policial. El mensaje era deliberadamente gráfico: si el aula no da más de sí, el problema sale a la carretera.
La huelga —impulsada por CCOO, CGT y otras organizaciones del sector, con apoyo de plataformas universitarias— reclama más recursos, mejores ratios, horario lectivo razonable, atención a la diversidad y subida salarial. No es un catálogo abstracto. En Madrid, la segregación escolar y la sobrecarga de plantillas son el pan de cada curso. Cuando un profesor corta una autovía con un pupitre, no está “jugando a la política”: está diciendo que la política ya le ha roto la clase.
Ayuso habla de violencia; la plantilla habla de sillas vacías
La respuesta del Gobierno regional llegó en el registro habitual. Ayuso acusó a los convocantes de usar la educación pública con fines políticos y cargó contra un clima que, según ella, empuja a la calle. En el acto sobre longevidad, con manifestantes concentrados a las puertas, fuentes regionales hablaron de riesgo para la seguridad y la Policía pidió refuerzos. Europa Press detalla que se autorizó el uso de “la fuerza mínima indispensable” para despejar la salida y que Ayuso pudo abandonar el edificio. CCOO cifró en torno a un millar de personas la concentración en el centro.
El contraste es demoledor para la narrativa del Ejecutivo madrileño. Por la mañana, pupitres en la A-3. Al mediodía, gritos de “Zarzalejo, dimisión” frente a Educación y luego frente al foro de Ayuso. La consejera Mercedes Zarzalejo llegó a suspender una visita a un instituto de Vallecas por “motivos de seguridad”. Si la respuesta institucional a una huelga educativa es cancelar visitas y hablar de violencia, el diálogo no está “en curso”: está en el cajón.
El alcalde José Luis Martínez-Almeida, por su parte, recordó que hay que respetar el marco normativo y de convivencia. Correcto en abstracto. En la práctica, lo que ve el profesorado es otra cosa: una Comunidad que presume de motor económico mientras la pública pelea ratios y poder adquisitivo. La protesta no niega el derecho a circular; denuncia que el derecho a una escuela digna se ha convertido en un trámite burocrático.
No es un día suelto: es la segunda semana
La movilización arrancó como huelga indefinida y este lunes entró en su segunda semana. Abarca todos los niveles de la educación pública no universitaria y ha arrastrado apoyos de espacios universitarios. Ese arco importa: no es un sindicato aislado ni un piquete de tres. Es una cadena de centros que llevan meses avisando de que la atención al alumnado diverso, la carga lectiva y los salarios no se arreglan con notas de prensa.
En clave 29-N, la marea verde madrileña ya no es decorado de precampaña. Es un test de modelo. Quien gobierna Madrid puede hablar de libertad de elección y de excelencia; la calle responde con pupitres y camisetas verdes. La pregunta electoral no es si “hay huelga”. Es si una región rica puede seguir normalizando que la pública se defienda en la A-3 porque no encuentra mesa de negociación real.
Nadie serio confunde un corte de tráfico con un plan pedagógico. Pero tampoco se puede pintar de “violencia importada de Europa” lo que es un conflicto laboral y educativo con reivindicaciones concretas, sindicatos encima de la mesa y una consejería que cancela actos. Si Ayuso quiere despolitizar la escuela, el primer paso no es criminalizar al profesorado: es sentarse, contar plantillas y explicar por qué el patio se ha cansado de esperar.
De momento, el balance del lunes es claro. La huelga sigue. La A-3 se reabrió. Ayuso salió del Palacio de Santoña con escolta policial de hecho. Y la educación pública madrileña volvió a ocupar el centro del debate con el único lenguaje que le han dejado cuando la mesa no contesta: bloquear el asfalto para que se vea el aula.
