Hablar de vivienda en campaña es fácil. Pagarla con fondos europeos, no tanto. El Confidencial publica un dato que debería colgarse en cada mitin de Moncloa: a 31 de agosto de 2026, el Gobierno solo ha realizado pagos por el 12,9% de lo presupuestado en las partidas de vivienda de los fondos Next Generation en estos tres ejercicios. En plata: 901,4 millones de 6.987,8.
Desglose, según la IGAE (Hacienda) citada por el diario:
- 2024: 457,5 de 3.076 millones (14,9%)
- 2025: 415,1 de 3.813 (10,9%)
- 2026 (hasta agosto): 28,8 de 98,8 (29,1%)
En 2023 se vendió que la vivienda sería prioridad europea: cientos de miles de casas, parque público, colectivos vulnerables, reformas. España era el segundo mayor receptor de NextGen, con 163.800 millones asignados (80.000 en subvenciones y 84.000 en préstamos). Italia y España se llevaban la mitad del pastel continental. El eslogan era solidaridad europea; la letra pequeña, ejecución.
Y aquí viene el truco contable que la oposición lleva meses señalando. El Gobierno publica pagos realizados —transferencias desde Hacienda u otros intermediarios—, no la ejecución final sobre el terreno. Desde el 31 de agosto de 2021 no publica ese dato final, pese a peticiones del Banco de España, la AIReF y el Tribunal de Cuentas. Además, ha gobernado con presupuestos prorrogados de 2022: sin PGE nuevos en toda la legislatura.
El marco global tampoco ayuda al relato triunfal. A 31 de agosto de 2026, los pagos totales NextGen suman 66.046 millones; quedan por ejecutar 35.754 tras renunciar el Gobierno a 62.000. Falta más del 35% de lo que aún gestiona, y casi el 60% de la asignación original. Bruselas no ha aceptado alargar el plazo más allá de 2026. El Parlamento Europeo iba a mandar una misión a España este otoño para mirar números; el adelanto electoral la ha aparcado en las ocho semanas previas a los comicios.
Hay un detalle que huele a cierre de legislatura: entre julio y agosto de 2026 aparecen de golpe unos 14.000 millones de pagos en el conjunto NextGen, más que en cualquier ejercicio previo completo. Acelerón de última hora o maquillaje de caja: el lector elige adjetivo; el dato es el dato.
Desde el marco liberal-conservador la lectura es simple. No se discute que Europa mandó dinero. Se discute que Moncloa convirtió la vivienda en eslogan mientras la tubería europea escupía apenas un real de cada ocho presupuestados en esa partida. Luego se culpa al PP, al Senado, a la «especulación» o al calendario. Mientras tanto, el alquiler sigue siendo un peaje y el joven que esperaba el milagro NextGen sigue en el trastero de sus padres.
Si el 29-N hay cambio de ciclo, el inventario no será solo de ministerios: será de promesas europeas a medio ejecutar y de un cuento de «cientos de miles de viviendas» que, medido en pagos IGAE, no llega al 13%. Eso no es un matiz técnico. Es la factura de gobernar a golpe de anuncio.
