La precampaña del 29-N todavía huele a eslóganes, pero el PNV ya ha puesto un candado concreto. Su portavoz en el Congreso, Maribel Vaquero, ha dejado dicho en RNE —según recoge Europa Press— que los jeltzales no van a entrar en un esquema de bloques y, sobre todo, que con Vox no van “ni a heredar”. No es una frase para titular de relleno: es un veto cultural y político en el momento en que el PP necesita dibujar mayorías posibles.

Vaquero lo enmarca en clave vasca. El PNV, dice, no está para “hacer presidente a uno u otro” por inercia de bloque, sino para mirar qué conviene a la ciudadanía de Euskadi. A renglón seguido cierra la puerta a cualquier apoyo que implique, a su juicio, “involución democrática”. Y cuando le preguntan por una hipotética investidura de Alberto Núñez Feijóo, el diagnóstico es todavía más seco: el PP hace un “seguidismo total” de las políticas de Vox y ahí “desde luego” no encontrará a los nacionalistas vascos.

El coste de parecerse demasiado a Abascal

Para la derecha que aspira a gobernar, el problema no es solo aritmético. Es de relato. Si Feijóo quiere presentarse como alternativa de centralidad, la cercanía retórica y programática con Vox le sale cara fuera de su electorado duro. El PNV no es un actor marginal en esa ecuación: ha sido socio útil, bisagra y termómetro de respetabilidad institucional. Escucharle decir “ni a heredar” es recordar que hay un techo claro para cualquier mayoría que huela a cordón ultra.

Vaquero no absuelve al Gobierno. Critica la “falta de humildad” del Ejecutivo al actuar como si tuviera una mayoría que no tenía y denuncia el “abuso de los decretos ley” cuando no se cierran acuerdos ordinarios. También carga contra la crispación del PP al acercarse a Vox. Es decir: el recado es bidireccional. Pero el que más duele en Génova es el segundo, porque llega justo cuando la derecha intenta vender reconstruccion nacional y cambio sereno.

Bildu, bloques y la fantasía de la mayoría fácil

La portavoz jeltzale también afea a EH Bildu un “seguidismo total del PSOE” y reivindica que su partido ha negociado “en clave vasca” y de autogobierno. Da igual si esa lectura convence o no a la izquierda: el punto útil para el análisis de derecha liberal-conservadora es otro. El mapa post 29-N no se resuelve con un eslogan de “desalojar a Sánchez”. Hace falta saber con quién se cuenta, a qué precio y con qué líneas rojas.

El PNV se niega a ser empaquetado en un bloque fijo. Eso complica tanto al PSOE, si sueña con rehacer apoyos automáticos, como al PP, si imagina que la suma con Vox se maquilla después con socios moderados. En política española reciente, esa magia casi nunca funciona: los vetos se dicen pronto y se pagan tarde.

Qué sí y qué no dice el aviso

Lo verificado este sábado es una posición pública de la portavoz del PNV en el Congreso: rechazo a la lógica de bloques, crítica al Gobierno por la forma de legislar y advertencia explícita de incompatibilidad con Vox, extendida a un PP que, según Vaquero, le hace el seguidismo. No hay, en esa entrevista, un pacto alternativo cerrado ni una investidura prometida a nadie.

Para la mesa de derechas de Politic.es, la lectura es incómoda y necesaria. Si el PP quiere ganar de verdad y no solo gritar más alto, necesita una mayoría que no dependa de normalizar a Vox como único combustible. El “ni a heredar” del PNV no es un detalle vasco: es un espejo. Muestra el coste de haber convertido la crispación en método y a la extrema derecha en brújula.