A día y medio de que se cierre el plazo para registrar coaliciones, la izquierda a la izquierda del PSOE vuelve a pelearse por el mapa. Este jueves, Ione Belarra ha ofrecido a IU pactos de unidad en diez comunidades —Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi, Navarra, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Murcia, Extremadura y Andalucía— y ha dejado fuera, de forma explícita, Madrid y Barcelona, donde admite competir con Frente Amplio. Horas después, Antonio Maíllo ha cerrado la puerta: IU no negocia “troceado” ni al margen de Frente Amplio.

No es un matiz de mesa. Es el retrato de una coalición que se presenta como “proyecto de país” mientras se discute por provincias como si fuera un mercadillo de últimas horas. Belarra, en RNE, dice entender que la gente esté “hasta las narices” de tanto tira y afloja, pero sostiene que hay territorios donde sin acuerdo “se pierde voto de izquierdas”. En Madrid y Barcelona, argumenta, la proporcionalidad castiga menos la fragmentación. Traducción electoral: en las plazas grandes, cada marca pelea su cuota; en las pequeñas, o van juntos o se quedan fuera.

La oferta asimétrica y el no de Maíllo

Fuentes de Podemos confirman a Europa Press el listado de las diez CCAA y añaden conversaciones con fuerzas territoriales en Valencia, Baleares y Aragón (Compromís, Ara Més, Chunta). En Cataluña, los morados ya operan con el acuerdo con ERC. Maíllo, en TVE, responde que Frente Amplio es el espacio “fraternal” y “sólido” y que IU negociará desde ahí: “somos uno”. Se muestra “encantado” de que Podemos quiera sumarse… siempre que acepte el paraguas completo. Y afea el timing: ofertas “un día antes” de que expire el plazo de algo que “nunca se ha planteado antes”.

El marco conservador no necesita inventar el caos. Basta con el guion: Colau y Delgado piden unidad; Belarra trocea el tablero; IU se niega a ser la pieza suelta; el reloj de la Junta Electoral sigue. Mientras el PSOE cierra listas con once ministros y Robles de número dos en Madrid, a su izquierda el relato es el de siempre en vísperas electorales: más marcas, más vetos, menos claridad para el votante que solo quiere saber a quién marca en la urna.

Qué cambia y qué no

Cambia el mapa de negociación del 29-N: la hipótesis de pactos asimétricos ya no es un globo de Iglesias, es oferta pública de Belarra y rechazo público de Maíllo. No cambia, por sí solo, el registro formal de coaliciones ni garantiza que el viernes salga un acuerdo global. Tampoco prueba que la fragmentación en Madrid o Barcelona “no cueste escaños”: eso se medirá en votos. La lectura de derecha liberal-conservadora es prosaica: cuando la izquierda se pelea por el troceo, el que gana tiempo y marco es quien llega al 29-N con listas cerradas y un solo relato.