Hay campañas que se esconden en el mitin y campañas que aceptan el reloj en directo. El PP ha elegido, al menos sobre el papel, lo segundo. Este viernes 9 de octubre, Miguel Tellado, secretario general y director de campaña, ha mandado carta a los grupos de comunicación con el menú de Alberto Núñez Feijóo para el 29-N: tres debates en el calendario y una línea roja clara con RTVE.
Primero, el cara a cara. El partido acepta la invitación de Mediaset para un duelo con Pedro Sánchez y propone el lunes 16 de noviembre, el primer lunes de campaña, «en los mismos términos» que en 2023. Segundo, el debate de candidatos de los principales partidos con representación en todo el territorio —PP, PSOE, Vox y «quien quiera que se presente por parte de la extrema izquierda» heredera de las marcas Unidas Podemos/Sumar—. Hay invitación de Atresmedia; el PP la acepta y empuja la fecha al jueves 26 de noviembre, a tres días de las urnas. Tercero, el debate de portavoces con propuesta de RTVE para el lunes 23 de noviembre: también sí.
La condición que no es un detalle
Más allá de los plató de debate, llegan las entrevistas en medios públicos reguladas por la Junta Electoral Central. Ahí Feijóo no firma un cheque en blanco. El PP dice que el candidato «valorará su asistencia por respeto a la Corporación y a sus trabajadores», pero pone condición expresa: la entrevista debe celebrarse en un espacio de producción propia y la deben hacer los profesionales de TVE y RNE, no una productora externa. «Si RTVE cumple con esta premisa, Feijóo irá», resume el comunicado recogido por ABC, La Vanguardia y The Objective.
El tono hacia la dirección del ente es duro y no se esconde. Habla de «innegable parcialidad y sumisión a los intereses de la dirección de RTVE a las necesidades del presidente del Gobierno» y sostiene que la compañía «no tiene directivos que trabajen pensando en el interés general», aunque sí «magníficos profesionales de la comunicación». Desde el marco liberal-conservador, la distinción importa: no se boicotea al periodista de la casa; se rechaza el formato opaco o externalizado que el votante no puede auditar con facilidad. Ojo: eso es una acusación política de parcialidad, no una sentencia judicial. Conviene no convertir el comunicado en fallo firme.
Confrontar modelos, no solo titulares
Génova enmarca la decisión con una frase de catálogo que, aun así, apunta al núcleo: la campaña es «una fantástica oportunidad para confrontar modelos entre la España que viene y la España que se va». Y admite la «imposibilidad» de atender «innumerables» propuestas de entrevistas y debates. Traducción práctica: prioriza tres citas de alto voltaje y una regla de juego con el audiovisual público.
Quien espere que esta carta cierre ya el grid televisivo se equivoca. Faltan confirmaciones cruzadas de cadenas y, sobre todo, la respuesta de Sánchez y del resto de fuerzas al calendario concreto. Lo publicado hoy es la posición del PP, documentada y fechada, no el contrato firmado por todos. Pero el movimiento tiene lectura de oposición útil: aceptar el ring multipantalla y, al mismo tiempo, no regalar a RTVE un formato que el partido considera capturado por la Moncloa.
Por qué cuenta para el 29-N
En una precampaña saturada de filtraciones judiciales y bronca de listas, el debate sigue siendo el único espacio donde el electorado ve, en tiempo real, si hay proyecto o solo eslogan. Un cara a cara el 16-N obliga a hablar de impuestos, vivienda, energía y corrupción sin el escudo del tuit. Un debate a cuatro el 26-N, tan cerca del voto, castiga la ambigüedad. Y la exigencia de producción propia en RTVE pone sobre la mesa una pelea de fondo: quién controla la televisión que paga el contribuyente.
Feijóo ha dicho que quiere confrontar. Ha puesto fechas preferidas y una condición verificable. Ahora el foco se desplaza: ¿acepta Sánchez el 16-N en Mediaset? ¿Cuadra Atresmedia el 26-N? ¿Cumple RTVE la premisa de sus propios profesionales? La democracia no se agota en un plató, pero una campaña sin debates serios suele ser una campaña que teme la comparación. Hoy el PP, al menos, no ha huido de esa comparación.
