Mientras el Gobierno pelea en Nueva York y en el Congreso por el relato del día, en Génova han sacado la calculadora de la compra. El PP prepara una propuesta para dejar el IVA a cero en los alimentos básicos: pan, leche, huevos, fruta, verdura, aceite de oliva… y también carne, pescado y conservas. No es un eslogan suelto. Es un plan de bolsillo con nombres detrás —Juan Bravo, Alberto Nadal, Alma Ezcurra— y con una directriz clara de Alberto Núñez Feijóo: volver a hablar de economía doméstica.
Hoy el superreducido del 4% cubre buena parte de la cesta más elemental. Carne, pescado y conservas pagan el 10%. El PP ya pidió en la crisis inflacionaria anterior bajar esos tres al 4%. Ahora va más lejos: tipo 0% también ahí. La lógica es de manual y de supermercado a la vez. Los alimentos no se dejan de comprar cuando suben; se deja de comprar otra cosa. Castigan más a quien menos margen tiene. Y con el IPC en el 4,5% en agosto, y los alimentos no elaborados subiendo al mismo ritmo interanual, el otoño no pinta a tregua.
El Mundo sitúa el anuncio en un giro táctico: Ceuta y la corrupción no se van, pero Feijóo ordena volcarse también en combustibles, calefacción, alquiler y cesta de la compra. El lema lo entiende cualquiera: «Aquí no hay quien viva». Hay quien lo leerá como oportunismo de oposición. Hay otra lectura más incómoda para Moncloa: si la inflación es el impuesto silencioso, quien no ofrezca alivio tangible en la cesta pierde la conversación de la clase media y trabajadora, aunque gane cada trino del día.
No partimos de cero. Cuando en enero de 2023 se bajó el IVA de alimentos básicos del 4% al 0%, el Banco de España estimó una traslación a precios de consumo de alrededor del 90%. La CNMC no vio un patrón sistemático de que la distribución se quedara el margen. Es decir: bajar el impuesto en pan y leche no es magia, pero tampoco es humo. Llega, en gran medida, al ticket.
Hay un matiz gallego que el PP no esconde. El sector conservero factura cerca de 2.000 millones; Galicia concentra casi el 60% de las factorías y hasta el 90% del volumen de negocio. Feijóo y Alfonso Rueda llevan tiempo pidiendo aliviar ese IVA. Se puede discutir si la medida debe ser temporal o estructural, y habrá que aterrizar coste y encaje europeo. Lo que no cuela es despachar la cesta como “ruido de campaña” mientras las familias siguen pagando la inflación en cada carrito.
La política del bolsillo no gana portadas tan fáciles como un grito en el hemiciclo. Pero gana elecciones y, sobre todo, gana legibilidad. El PP pone ahora una oferta concreta: IVA 0% en lo que se come cada día. Al Gobierno le toca responder con números, no solo con adjetivos. Porque si la legislatura se juega entre la bronca y el ticket de la compra, ya se sabe cuál de las dos llega antes a casa.
