Mientras Moncloa presume de PIB, la tortilla se ha puesto de lujo. Según los datos del INE que branden los populares, los huevos cuestan un 91% más que cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa. El pescado, un 47% más; la carne, un 41%. Y el IPC de septiembre se ha confirmado en el 4,9%, el nivel más alto desde principios de 2023. En ese tablero, el PP lanza su ofensiva de bolsillo para el 29-N: un “plan de choque” con IVA al 0% en alimentos básicos.

Lo dice en público el vicesecretario de Hacienda y Vivienda, Juan Bravo, y lo firma la línea de Alberto Núñez Feijóo: carne, pescado, leche, frutas, verduras y huevos fuera del impuesto. No es un tuit. Es la misma rebaja que el PP ya intentó colar en el Congreso esta legislatura y que la Mesa tumbó tras pasar por el Senado. Ahora vuelve envuelta en precampaña y con el super de fondo.

El paquete completo, no solo el carro

El plan no se queda en la nevera. Bravo pide deflactar el IRPF para que la subida nominal del sueldo no se coma en Hacienda lo que no llega en el carro, “especialmente” en hogares con hijos. Y reclama bajar el IVA de la electricidad y el gas al 10%. El marco es simple: España lleva 17 meses por encima de la media de inflación de la eurozona; el avance de septiembre sitúa el diferencial en torno a 1,2 puntos frente al dato europeo.

Los populares añaden otra cifra de atrición fiscal: cada español paga, según su cuenta, 3.600 euros más en impuestos y cotizaciones que en 2018, y el Estado recaudará este año unos 200.000 millones adicionales respecto a aquel ejercicio. Se puede discutir la metodología. No se puede discutir que la cesta se ha encarecido un 41,2% en el tramo que ellos marcan y que el votante lo nota antes que el PowerPoint del PIB.

Crecer alto y vivir caro

El propio FMI dibuja el contraste que el PP quiere clavar en la urna: España puede liderar el crecimiento de las grandes del euro y, a la vez, cerrar 2026 con inflación media del 3,7% y paro todavía cerca del 10%, los peores de ese club. El Gobierno hablará de shocks energéticos y de guerra. La oposición responderá con el ticket de la compra. En campaña, gana quien traduzca el 4,9% a la cena del domingo.

El mensaje conservador es electoral y contable a la vez: si hay margen de recaudación récord, que baje el impuesto de lo que se come. Si no hay margen, que el Gobierno lo diga sin rodeos. Lo que no cuela es vender “economía robusta” mientras el huevo se ha casi duplicado y el pescado ya no entra en la compra de cada día. El 29-N se decide también en el lineal del súper.