El PP ha elegido el terreno donde manda: el Senado. Llevará al próximo pleno una proposición de ley para reformar la Ley de Extranjería y dejar claro que en Ceuta y Melilla se puede rechazar en frontera también a quien intenta entrar a nado, no solo a quien salta una valla. No es un eslogan de mitin. Es un cambio de párrafo con consecuencias.

La Vanguardia detalla el problema jurídico. El Tribunal Supremo, en sentencia del 29 de junio, fijó que las llamadas devoluciones “en caliente” solo caben cuando el migrante supera “elementos de contención fronterizos”, como una valla. Quien llega por el agua, sin barrera física de por medio, quedaba en un limbo operativo: entrada de hecho y expulsión, en su caso, por vía administrativa ordinaria. Tras la entrada masiva de finales de julio en Ceuta, ese matiz dejó de ser doctrina de despacho y pasó a ser flanco político.

El texto actual de la disposición adicional décima habla de extranjeros detectados “mientras intentan superar los elementos de contención fronterizos”. El PP quiere sustituirlo por un criterio más amplio: extranjeros “detectados o interceptados en la línea fronteriza terrestre o marítima” de Ceuta o Melilla podrán ser rechazados para impedir la entrada ilegal. Menos poesía procesal, más capacidad de respuesta en la orilla.

Los populares no esconden el marco. Hablan de “invasión” y no de simple crisis migratoria. Admiten, eso sí, que la reforma no habría blindado del todo el cruce masivo, pero sí lo habría condicionado y reforzado el marco legal. Alma Ezcurra ya anunció la iniciativa en julio, antes del pico de entradas. En el Congreso la propuesta choca con plazos del Gobierno y con una Mesa donde PSOE y Sumar pueden dilatar. En el Senado, con mayoría absoluta del PP, la votación no depende del permiso de Moncloa.

Hay un detalle que incomoda al relato oficial: el propio Pedro Sánchez señaló la sentencia del Supremo como uno de los elementos que pudo facilitar el cruce masivo, desplegó una boya mar adentro como “contención” y dejó entrever cambios legales en la misma dirección. La Abogacía del Estado, recuerda el PP, usó argumentos afines en el litigio. Si el diagnóstico compartía el agujero, votar en contra de taparlo sería pureza de coalición, no coherencia de Estado.

Desde la derecha el mensaje es directo. Frontera que no se defiende se convierte en reclamo. Ceuta y Melilla no son un laboratorio de teorías: son ciudades españolas bajo presión, con servicios tensionados y con una ciudadanía que ve cómo el procedimiento se discute mientras la orilla se llena. Quien prioriza el trámite perfecto sobre el control efectivo acaba exportando el conflicto al interior del perímetro.

Eso no autoriza a inventar atajos ilegales ni a negar garantías básicas. La reforma que plantea el PP se mueve en el terreno del rechazo en frontera ya contemplado en la ley de 2015, ampliado al ámbito marítimo y a la interceptación en línea fronteriza. El debate serio es de redacción, control judicial a posteriori y compatibilidad europea; no de fingir que el nadador y el saltador de valla son el mismo supuesto fáctico.

También pesa la táctica parlamentaria. El PP pide al PSOE que se moje en público. Y avisa a la Mesa del Congreso: ya hay alrededor de una cuarentena de proposiciones del Senado aparcadas. Si la Cámara Baja bloquea por sistema lo que sale de la Alta, la lectura no será garantista: será de bloqueo político con disfraz reglamentario.

Ceuta ha sido, una vez más, el termómetro. Mientras Moncloa reparte culpas entre desigualdad, desinformación y vecinos incómodos, la oposición empuja un cambio normativo concreto. Se puede discutir el tono —“invasión” enciende más de lo que aclara—, pero el hueco legal que describe el Supremo y el operativo de julio no se borran con ruedas de prensa en la ONU.

La votación en el Senado no cierra el asunto: tendrá que volver al circuito legislativo y al choque con la mayoría de la investidura. Pero el reloj político ya está en marcha. O hay un marco claro para el rechazo en costa y valla, o cada nueva oleada se convertirá otra vez en pelea de relatos con la frontera por medio.