Hay dos maneras de gobernar. Una pasa por convencer, negociar y sacar leyes. La otra consiste en apretar el botón del decreto-ley, sortear el tira y afloja y presentar la urgencia como método. Pedro Sánchez ha convertido la segunda en marca de la casa.

El Mundo publica este martes el contador que la oposición lleva años intuyendo: a 6 de octubre, con la disolución de las Cortes ya en el BOE, Sánchez había batido el récord de decretos ley de la democracia. Hasta esa fecha sumaba 214. Con lo aprobado después, el recuento se mueve en torno a 216.

No es una anécdota: es el sistema operativo

De ese paquete, 197 habrían sido convalidados por el Congreso y 15 rechazados tras salir del Consejo de Ministros. Es decir: ni siquiera el atajo garantiza éxito automático. Pero el patrón queda claro. El decreto deja de ser excepción para casos de “extraordinaria y urgente necesidad” y se vuelve vía preferente para empujar agenda.

La comparativa histórica que trae la crónica es demoledora si uno cree —aunque sea un poco— en la centralidad del Parlamento:

  • **Sánchez**: 216 en 8 años y 3 meses
  • **Rajoy**: 107 en 6 años y medio
  • **Zapatero**: 108 en 7 años y 8 meses
  • **Aznar**: 127 en 8 años
  • **González**: 129

En media mensual, Sánchez se va a 2,14 decretos; Rajoy a 1,4; Zapatero a 1,2; Aznar a 1,3; González a 0,8. No es “coyuntura de crisis permanente”. Es una forma de entender el poder.

La promesa de 2015 y la práctica de 2026

La hemeroteca, siempre incómoda, recuerda que en noviembre de 2015 —un mes antes de aquellas generales— Sánchez se comprometió en un foro de El Mundo a devolver centralidad al Parlamento si llegaba a Moncloa. Una década después, el balance apunta en dirección contraria: más decreto, menos ley ordinaria, menos presupuesto nuevo.

El contexto de legislatura refuerza el diagnóstico. Crónicas de balance de ABC y El Periódico sitúan la XV Legislatura entre las menos productivas: del orden de 37 leyes aprobadas, decenas de reales decretos convalidados y un récord de derogados. Y, por primera vez en democracia fuera de las legislaturas fallidas, sin nuevos Presupuestos Generales sacados adelante. La gran norma política del ciclo sigue siendo la amnistía. El resto, demasiadas veces, llega por la puerta de servicio del Consejo de Ministros.

Diputación Permanente y campaña con BOE

Lo más revelador no es solo el récord pasado. Es la intención de futuro inmediato. El Gobierno, según la misma información, quiere acelerar hasta el 29-N y aprobar decretos de impacto social en los unos 40 días que restan, apoyándose en la mayoría recortada de la Diputación Permanente.

Traducción para el lector que no vive en el Boletín Oficial: cuando las Cortes están disueltas, el atajo no desaparece; se estrecha el escenario y se gobierna con lo que queda. Si encima se apilan medidas con olor a campaña —vivienda, facturas, prestaciones— el decreto deja de ser herramienta de emergencia y se parece demasiado a propaganda con rango de ley provisional.

Se puede defender, caso por caso, que una medida concreta merecía urgencia. Lo que no se puede vender con cara seria es que un presidente acumule el doble de decretos que sus predecesores relevantes y al mismo tiempo se presente como regenerador del respeto institucional. O el Parlamento manda, o el BOE manda. Las dos cosas a la vez suelen ser teatro.

Qué está en juego

El decreto-ley existe por una razón: reaccionar rápido cuando la vida no espera al Diario de Sesiones. El abuso empieza cuando la urgencia se vuelve costumbre y el Congreso, máquina de convalidar o tumbar a toda prisa. Con elecciones el 29 de noviembre, cada nuevo paquete ómnibus invita a la misma pregunta: ¿se gobierna el país o se campa el BOE?

Sánchez puede argumentar aritmética imposible, oposición de bloqueo o crisis en serie. Los números, sin embargo, no debaten: ningún presidente democrático había apretado tanto ese botón. Y ahora, con las urnas a la vista, quiere seguir apretándolo. Si eso es eficacia, que baje Dios y lo vea. Si es menosprecio al Parlamento, el electorado ya tiene el dato encima de la mesa.

Fuentes y contexto

  • El Mundo: récord de decretos ley (214 a la disolución; contador ~216), convalidados/rechazados y plan hasta el 29-N.
  • ABC: balance de la XV Legislatura (pocas leyes, decretos y ausencia de nuevos PGE).
  • ABC (decretos derogados): legislatura sin presupuestos y récord de reales decretos tumbados.
  • El Periódico: legislatura de baja producción normativa y Sánchez como presidente con más RDL en democracia.