No es un titular de precampaña de relleno: es la factura de la cesta de la compra convertida en cifra sindical. UGT y CCOO han puesto número a lo que quieren del Salario Mínimo Interprofesional para 2027: una subida de al menos el 7%, hasta situarlo por encima de los 1.300 euros mensuales en 14 pagas. RTVE habla de unos 1.307 euros frente a los 1.221 actuales; otras crónicas de agencia redondean en torno a 1.306. En cualquier caso, el mensaje es el mismo: el suelo salarial no puede seguir a remolque de la inflación.

La foto se ha hecho en rueda de prensa conjunta, mientras presentan la huelga general del 11 de noviembre. No es solo un comunicado de mesa de negociación. Es un golpe de agenda a tres semanas del 29-N: salarios, vivienda y precios en la misma frase.

Del 3,1% de febrero al 7% que piden ahora

El relato sindical es de desfase. El Gobierno subió el SMI un 3,1% en febrero de 2026, hasta los 17.094 euros brutos anuales (1.221 al mes en 14 pagas). Pepe Álvarez (UGT) sostiene que, mirando el IPC de los últimos meses, hay unos dos puntos de distancia que hay que recuperar. De ahí el “como mínimo, el 7%”. Unai Sordo (CCOO) amplía el foco: no basta el mínimo; los salarios en España deberían moverse entre un 4% y un 7%.

En la versión de RTVE, esa subida del SMI equivaldría a unos 85,50 euros más al mes y dejaría el bruto anual cerca de los 18.300 euros. La Región, con la misma línea editorial de agencia, habla de un incremento anual de unos 1.196 euros. Son matices de redondeo; el marco político no lo es: o el mínimo se actualiza con ambición, o la precampaña se come el poder adquisitivo de quien cobra el suelo.

Moncloa mira al comité y al calendario electoral

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, no ha cerrado cifra. Ha dicho que el SMI debe mantenerse “en línea con la evolución del salario medio” y que el Gobierno espera la recomendación del comité de expertos. Yolanda Díaz ha pedido a la comisión asesora un informe para finales de octubre o principios de noviembre. Quiere que las empresas sepan la cuantía antes del 1 de enero de 2027. Lo que no está claro —y las crónicas lo admiten— es si habrá decreto antes del 29-N o si la subida quedará a medias de la campaña.

Desde la mesa de izquierda, el reloj es político: si el Ejecutivo llega tarde, la huelga del 11-N no será un decorado. Será el recordatorio de que vivienda y nómina no se arreglan con mitines. Si llega a tiempo con una cifra tibia, los sindicatos ya han marcado el listón del 7%. O se mueve el mínimo, o se mueve la calle.

Qué se juega de verdad

El SMI no es un fetiche contable. Es el suelo de cientos de miles de contratos, el ancla de convenios y el termómetro de si el crecimiento que presume el FMI se nota en el super y en el alquiler. UGT y CCOO lo atan a la huelga de vivienda: no sirve de mucho subir 80 euros si el piso se come 200. Esa es la tesis progresista del día. Y es una tesis con fuentes, con rueda de prensa y con fecha en el calendario. El resto —si Moncloa se atreve antes de las urnas— ya es pelea de gobierno en funciones y de campaña.