Hoy no se discute solo si Ceuta está sola. Se discute quién puede decirlo en voz alta sin que le llamen comparsa. Más de 260 municipios se han sumado a las concentraciones del 2 de septiembre, Día de Ceuta, convocadas a las 20:00 ante los ayuntamientos. En Madrid el acto principal se ha fijado frente al Congreso; en Bruselas, ante el Parlamento Europeo. La cifra y el mapa los han ido publicando Teleceuta y Europa Press. El lema institucional es fácil de repetir: «Ceuta no está sola». La pelea empieza cuando alguien pregunta sola de quién.

La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), presidida por la alcaldesa popular de Jerez María José García-Pelayo, ha empujado la convocatoria. El PP la vende como gesto apartidista. Ferraz responde que la crisis migratoria se está usando para machacar a Sánchez. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez: se puede querer a Ceuta y, al mismo tiempo, oler a campaña de desgaste. Lo que no se sostiene es fingir que el municipalismo español es un bloque monolítico al servicio de Génova o de Moncloa.

Ferraz marca línea; la calle municipal se desordena

La dirección federal del PSOE ha reiterado que la FEMP actuó de forma unilateral, sin el consenso interno que exigen para una movilización de este calibre. María Jesús Montero, secretaria general de los socialistas andaluces, lo dijo sin anestesia en la Cadena SER: la convocatoria, a su juicio, busca que el ruido y la bronca impregnen el ambiente político. Montse Mínguez, desde Ferraz, fue más lejos al preguntar si alguien se cree todavía que al PP le importa Ceuta.

Pero laSexta recoge un matiz que importa: fuentes federales insisten en que no prohíben a nadie acudir y entienden que el PSOE de Ceuta quiera estar «al lado» de su gente. No es lo mismo una circular de desmarque que un candado en la puerta del ayuntamiento. El problema para Ferraz es otro: cuando dices «no vamos» y media Andalucía socialista saca sillas a la plaza, el mensaje se deshilacha solo.

En Granada, consistorios socialistas han convocado actos paralelos y se desmarcan expresamente de la FEMP. Armilla abre a las 12:00; Íllora, Maracena u Otura repiten la hora del mediodía; otros mantienen las 20:00 pero con manifiesto propio. La alcaldesa de Armilla, Loli Cañavate, lo resume sin manual de crisis: estar con la gente de Ceuta, sin convertir el acto en mitin. El PSOE de Granada sostiene que apoya a la ciudad y pide lealtad institucional, y recuerda que el Gobierno despliega recursos de seguridad, atención humanitaria y coordinación con Marruecos y la UE. Es la lectura de izquierda que Ferraz quiere imponer al relato: solidaridad sí, instrumentalización no.

Andalucía se rompe por abajo

El Español describe una ola andaluza difícil de barrer bajo la alfombra. Casi todas las capitales —salvo Jaén, gobernada por el PSOE— se suman a actos, banderas o iluminación. El Parlamento andaluz izará la bandera de Ceuta; PSOE-A, Por Andalucía y Adelante se desmarcan de ese gesto. Juanma Moreno vivirá la jornada desde Bruselas, ante el Parlamento Europeo. Empresarios y hosteleros sevillanos piden también medidas económicas y hasta proponen banderas de Ceuta en las tapas. Cuando la hostelería entra en el símbolo, el conflicto ya no es solo de partido.

La grieta socialista la abrió Espartinas, con Cristina Los Arcos buscando una fórmula intermedia a las 12:00 «lejos del ruido político». Detrás han aparecido nombres de municipios gobernados por PSOE o IU: Moguer, Fuenteheridos, Aracena, Bonares, Santa Olalla del Cala, Alfarnate, Sedella, Grazalema, Jimena, Vejer, Armilla, Maracena, Baena, Adamuz, Villafranca, Úbeda, Los Palacios y Villafranca, Cuevas del Almanzora, Viator, Antas, Chiclana… La lista no prueba una rebelión orgánica. Prueba algo más prosaico y más político: en el territorio cuesta explicar a un vecino por qué la solidaridad tiene que pedir permiso a Ferraz.

Antonio Maíllo (IU / Por Andalucía) rechaza sinergias con el PP y niega que esas concentraciones tengan que ver con la solidaridad. Otegi, por EH Bildu, las ve capitalizadas por la extrema derecha y minoritarias en Euskadi y Navarra. Son posiciones coherentes con su marco. También lo es la de alcaldes socialistas que, sin comulgar con García-Pelayo, no quieren fotografiarse de espaldas a Ceuta el día de su fiesta.

El timing no es inocente, y aun así la ciudad pesa

El Plural subraya la coordenada temporal: las movilizaciones caen horas antes de la comparecencia de Sánchez en el Congreso, prevista para el 3 de septiembre. El PP quiere calle caliente y escaño caliente. Vivas habla de soberanía y de «la causa de toda España». Feijóo comparte el marco. Nada de eso obliga a la izquierda municipal a regalarle el monopolio del apoyo a una ciudad española bajo presión migratoria desde el salto de finales de julio.

La lectura progresista útil no es negar el cálculo de Génova. Es separarlo. Se puede criticar una FEMP presidida por el PP y, al mismo tiempo, negarse a convertir a Ceuta en rehén de la bronca nacional. Se puede exigir al Gobierno más claridad de cifras, más plazas y más coordinación sin aceptar el eslogan de que toda plaza a las 20:00 es un mitin antisanchezista. Y se puede recordar lo que el propio PSOE de Granada pone por escrito: hay recursos del Estado en marcha y hay una crisis humanitaria que no se resuelve a gritos.

Hoy, mientras se llenen o no las plazas —eso lo dirá la noche—, el dato político de la mañana ya está: el municipalismo de izquierdas no ha aceptado el papel de comparsa ausente. Unos irán a la hora de la FEMP. Otros montarán su propio acto. Otros se quedarán fuera. Pero el guion de Ferraz, el de la abstención limpia y unánime, se ha manchado de realismo local. Ceuta no necesita sermones de pureza. Necesita Estado. Y, de paso, vecinos que no tengan miedo a salir sin pedir carné en la puerta.