No hace falta un tertuliano de trinchera para oír lo que el sanchismo prefiere no enmarcar. Basta con Cándido Méndez: exdiputado del PSOE, secretario general de UGT entre 1994 y 2016, hombre de la casa socialista… y hoy fuera del guion. En una entrevista en El Confidencial resume la legislatura con una frase que duele porque viene de dentro: el presidente, dice, ha convertido al partido «en el cesto de la ropa sucia del Gobierno».
El punto de ruptura, cuenta, no es cosmética. Fue en 2023. Él defendió repetir elecciones. Sánchez pagó un precio «inasumible» por quedarse en Moncloa y arrastró al PSOE a una servidumbre de condicionantes políticos que, a ojos de Méndez, ha devorado la autonomía del partido. No es un matiz de aparato: es la radiografía de un secretario general que usa la sigla como tendedero de urgencias del Ejecutivo.
Sobre Ceuta no se anda con eufemismos. Habla de «pasividad culposa», reclama que el mando único lo ejerza el presidente y sostiene que, ante una situación excepcional, si hay que cambiar legislación, «hágase». También dice que el Rey debería ir a la ciudad, con condiciones claras. Da igual el flanco: el mensaje es que el Estado no puede gobernar una emergencia a base de relatos y retrasos.
Hay más arena en el engranaje oficial. «Para el Gobierno actual, las responsabilidades políticas han desaparecido», afirma. Y suelta lo que en Ferraz suena a herejía: buena opinión de Feijóo «como administrador público y como persona»; de Vox teme «menos la ideología… que su incompetencia»; y avisa de que si la derecha aprueba cambios sistémicos sin contar con la izquierda sería un error… pero el problema de fondo, añade, es que en la izquierda «no se percibe un proyecto».
El contraste es elocuente. Mientras ministros hablan de cerco y de “Estado profundo”, un histórico del propio solar devuelve el espejo: el desgaste no solo llega de jueces o servicios; también se cultiva cada vez que el partido acepta ser lavandería de la coalición y no brújula. Méndez sigue declarándose hombre de izquierdas. Justo por eso el golpe pega más. No pide un golpe de efecto: pide mando, responsabilidades y un proyecto que no sea solo sobrevivir a la siguiente votación.
La derecha no necesita inventar el personaje ni exagerar la cita. Está en la página, con nombre y trayectoria. Cuando alguien que ha sido columna del socialismo sindical dice en voz alta que Moncloa ha convertido al PSOE en cesto, el debate deja de ser “ruido de la oposición” y pasa a ser diagnóstico interno. Y los diagnósticos internos, cuando llegan tan crudos, suelen anticipar legislaturas que se acaban antes en la cabeza de la gente que en el calendario.
