Primero llega el fuego. Después, el asfalto. En la Sierra Oeste de Madrid, el superincendio del verano —unas 28.000 hectáreas según el relato periodístico consolidado— todavía huele a carbonilla cuando el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso saca del cajón una idea vieja con traje nuevo: prolongar el desdoblamiento de la M-501, la carretera de los pantanos, hasta el límite con Castilla y León.

No es un detalle de ingeniería. Es una pelea por el modelo de territorio. Ayuso ya ha dicho en público que ha arrancado “el estudio” para llevar la autovía desde Navas del Rey hasta el final de la Comunidad. Medios que anticipan el Debate del Estado de la Región de este jueves sitúan el proyecto en torno a 416 millones de euros, en dos fases de estudio, y recuerdan un dato de tráfico incómodo: más de 15.000 vehículos diarios en tramos de un solo carril por sentido, frente a cerca de 70.000 donde ya hay autovía.

La trampa política no está solo en el presupuesto. Está en el cuándo. El Plan de Carreteras 2025-2032 de la Comunidad, aprobado en 2026 tras años de elaboración, no contemplaba convertir del todo esta vía en autovía. El anuncio aparece ahora, con la sierra todavía herida y con un paquete paralelo de 26,5 millones para 17 municipios afectados: ayudas a autónomos, turismo, campo y recuperación de montes. Reconstruir y reasfaltar no son lo mismo, aunque se vendan en el mismo mitin.

La M-501 no es un camino cualquiera. Discurre por el corazón de la zona de especial conservación de los Encinares de los ríos Alberche y Cofio. Convertir más kilómetros en doble calzada multiplica expropiaciones, ruido, fragmentación de hábitat y presión urbanística en un corredor que el incendio ya ha dejado frágil. Ecologistas en Acción lo resume sin poesía de despacho: doctrina del shock. La gente está noqueada por el desastre; alguien aprovecha para meter más tráfico y más modelo de “abrir la zona al dinero”.

Hay memoria judicial, y no es de adorno. El tramo hoy operativo nació envuelto en atajos: el TSJM declaró ilegal aquella operación en febrero de 2008 por falta de salvaguardas ambientales y el Supremo ratificó el criterio. En la era Aguirre se llegó a invocar el “interés general” para esquivar la evaluación ambiental previa. Ayuso ya no vende solo seguridad vial: vende que el oeste “y Ávila” necesitan conectarse para no perder el tren económico. Traducción: más coches, más segunda residencia, más turismo de embalse, más presión sobre lo que queda de monte.

Nadie niega que una carretera estrecha con picos de tráfico sea un problema real para quien vive o trabaja allí. El debate de izquierdas no es “que se pudran en el atasco”. Es qué se prioriza cuando el paisaje arde. ¿Regeneración ecológica, prevención, transporte público y reparación de lo quemado? ¿O un megaproyecto de cientos de millones que, de entrada, ni siquiera estaba en el plan de carreteras y atraviesa un espacio protegido?

Todavía no hay proyecto cerrado ni evaluación ambiental publicada del nuevo tramo. Justo por eso importa el marco: si la recuperación se confunde con la vieja obsesión del PP madrileño por desdoblar la M-501, el incendio deja de ser solo una tragedia y se convierte en escaparate. La sierra necesita agua, suelo vivo y un modelo que no invite a quemar el futuro para llegar diez minutos antes al pantano.