A veces el Estado no grita: mueve un papel y se acaba el espectáculo. La Dirección General de la Guardia Civil ha publicado una relación de 71 vacantes de teniente coronel a libre designación. Falta una: la jefatura del Departamento de Investigación Económica y Anticorrupción de la UCO. Traducción política sin eufemismos: el coronel Antonio Balas se queda al mando de todas las pesquisas de esa unidad, no solo del trozo que pedía un juez.
El ascenso ya estaba firmado. El 1 de septiembre, la ministra de Defensa, Margarita Robles, promocionó a Balas a coronel y le abrió una comisión de servicio para no sacarlo de la UCO. El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno y la Fiscalía Anticorrupción habían pedido expresamente su continuidad en el caso Koldo. Hasta ahí, el guion era previsible. La duda era otra: ¿Interior iba a aprovechar el hueco para colocar a otro teniente coronel al frente del resto de sumarios?
No. Al no ofertar la plaza, el Ministerio del Interior —hoy bajo Fernando Grande-Marlaska— evita el invento de los dos jefes en un mismo departamento y deja a Balas al frente del bloque completo. Ahí entran, según la información publicada, el propio caso Koldo y derivadas, las actuaciones ligadas a Santos Cerdán, la trama atribuida a Leire Díez que instruye Santiago Pedraz, y diligencias que han afectado al entorno familiar del presidente, entre otras. También causas que no miran solo hacia Ferraz: la investigación sobre Alberto González Amador en Madrid sigue en ese mapa operativo.
El contexto no es un organigrama inocente. Balas ha sido pieza visible en pesquisas de altísimo voltaje: el registro en el despacho del entonces fiscal general Álvaro García Ortiz, el informe que el Supremo tuvo sobre la mesa en esa causa, el juicio de Badajoz sobre la contratación de David Sánchez, o el hilo del caso Ábalos. Y, al mismo tiempo, la propia UCO le sitúa como uno de los objetivos de las maniobras que ahora se investigan en el caso Leire Díez. Cuando te conviertes en diana de una operación para desacreditar unidades y mandos, tu continuidad deja de ser un detalle de personal.
La tensión interna ya había explotado. Una investigación liderada desde ese entorno desembocó en la imputación, el 2 de julio, de la entonces directora general Mercedes González y del teniente general Manuel Llamas por supuestas presiones. Llamas, en el Senado, habló de «exceso de protagonismo» y «cierta vanidad» de algunos mandos de la UCO. Sonaba a mensaje con destinatario. Mantener a Balas al frente de todo el departamento es, en ese tablero, una renuncia a reordenar el mando por la puerta de atrás.
Conviene no mitificar ni demonizar. Una comisión de servicio no es un cargo vitalicio: puede caducar, prorrogarse o reabrirse cuando la Guardia Civil vuelva a convocar plazas de teniente coronel —El País sitúa esa ventana en unos seis meses—. Pero el gesto de ahora importa más que la letra pequeña futura. Interior tenía dos caminos: acotar a Balas al caso Koldo o aceptar que el departamento anticorrupción no se parte en dos por comodidad política. Ha elegido lo segundo.
Desde la derecha el marco es de instituciones que aguantan. Si las causas sensibles para el poder se investigan con el mismo mando que ya está dentro de los sumarios, y no con un recambio exprés, el mensaje es que la UCO no se rediseña a golpe de titular. Quien quiera otra lectura tendrá que pelearla con hechos, no con organigramas. De momento, el boletín oficial ha hablado más alto que el ruido.
