El CIS de julio ha llegado con dos titulares que se pisan entre sí. El primero es electoral: el PSOE aparece como primera fuerza con el 33% de estimación de voto, frente al 25,1% del PP. El segundo es social, y quizá más incómodo para todos: la vivienda vuelve a ser el principal problema de España para el 43% de los encuestados. Traducido al idioma de la calle: mientras los partidos miran el marcador, el país mira el precio del alquiler.
La encuesta, publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas este 15 de julio, coloca a Vox en el 15,3% y a Sumar en el 6,1%. Es un balón de oxígeno para Pedro Sánchez después de semanas de desgaste político, casos judiciales y ruido interno. Pero sería un error leer el barómetro como una alfombra roja. El propio estudio dice que al presidente del Gobierno le inspira “mucha o bastante” confianza solo al 29,6% de los encuestados, frente a un 69,1% que responde “poca o ninguna”. Ganar en estimación no es lo mismo que enamorar.
El PSOE respira; el PP no puede esconder el golpe
El dato bruto deja mal al PP. No porque una encuesta decida nada por sí sola, sino porque Alberto Núñez Feijóo lleva semanas intentando instalar la idea de final de ciclo y el CIS le devuelve una foto menos cómoda: segunda fuerza, 7,9 puntos por detrás, y con una confianza personal todavía más baja que la de Sánchez. Según el CIS, Feijóo inspira “mucha o bastante” confianza al 18,4%, mientras el 79,8% dice que poca o ninguna.
Eso no convierte al Gobierno en invulnerable. Antena 3 recuerda una letra pequeña importante: el trabajo de campo se hizo entre el 1 y el 6 de julio, así que queda fuera la condena al hermano del presidente. También conviene recordar que el CIS es un actor discutido por la oposición y que ninguna redacción seria debería confundirlo con una urna. Pero el barómetro sí mide algo político: la oposición no está capitalizando todo el desgaste del Gobierno con la facilidad que prometía.
La vivienda ya no es un tema: es la conversación
La parte más potente del estudio no está en los colores del tablero, sino en la lista de preocupaciones. La vivienda aparece como primer problema nacional con el 43%, tres puntos más que el mes anterior. Después llegan la inmigración, con el 23,4%, y los problemas políticos en general, con el 18,7%. Cuando se pregunta por lo que afecta personalmente, la vivienda también queda primera, con el 26,9%, casi empatada con la crisis económica, en el 26,1%.
Esto debería sonar como una alarma en Moncloa, en Génova y en cualquier gobierno autonómico. La vivienda ya no es un dossier técnico para ministros, consejeros y promotores. Es el asunto que ordena la vida de una generación: dónde puedes vivir, si puedes emanciparte, si una separación te arruina, si cambiar de trabajo implica cambiar de ciudad o si tener hijos se convierte en una heroicidad inmobiliaria.
La trampa de celebrar solo la encuesta
Para la izquierda, la tentación será vender el CIS como prueba de resistencia. Para la derecha, desacreditarlo entero. Las dos respuestas son previsibles y bastante pobres. La pregunta útil es otra: si la vivienda es el principal problema del país, ¿por qué la política sigue dedicando más energía a convertir cada bronca en espectáculo que a explicar, con números y plazos, cómo bajará la presión sobre hogares reales?
El Gobierno puede presumir de estar por delante. El PP puede señalar la desconfianza hacia Sánchez y la discusión metodológica del CIS. Vox puede mirar el dato de inmigración y tratar de convertirlo en su pista central. Pero el barómetro deja una conclusión menos cómoda para todos: el electorado no está pidiendo solo relato. Está pidiendo suelo bajo los pies. Y en España, ahora mismo, ese suelo cuesta demasiado.
