La precampaña habla de vivienda, de Sol y de eslóganes. Mientras tanto, el sistema eléctrico español enseña otra pelea menos fotogénica y igual de decisiva: cómo se produce, se transporta y se paga la energía en un país que multiplica placas solares, prorroga nucleares y tropieza con una red que no da abasto.

El balance de final de legislatura, según crónicas económicas de estos días, se resume en una paradoja incómoda para el relato verde de Moncloa. Hay más renovables que nunca. Hay también más tensión en la red, más vertidos —electricidad que se tira porque no hay dónde meterla— y un Gobierno que, tras el apagón del 28 de abril de 2025, ha tenido que reabrir el cajón de la nuclear.

Almaraz hasta 2030: el giro que no querían vender

En 2019, eléctricas y Enresa pactaron un calendario de cierre del parque nuclear entre 2027 y 2035. El Ejecutivo lo hizo suyo. Almaraz iba la primera. Después del cero eléctrico peninsular y de la presión del sector, el Gobierno autorizó en agosto de 2026 —tras el análisis del Consejo de Seguridad Nuclear— que los dos reactores de Almaraz sigan hasta junio de 2030.

Sobre el papel, Moncloa mantiene el cierre total en 2035. En la práctica, es un recule. ABC lo describe como una marcha atrás «de tapadillo»: se acepta la petición de las compañías sin un gran acto de contrición ideológica. Economía Digital lo enmarca igual: el apagón cambió el contexto y la nuclear volvió a la mesa como respaldo firme frente a un mix cada vez más variable.

Para la derecha, el mensaje es simple. Si el sistema necesita megavatios gestionables, no se puede planificar la descarbonización como un eslogan y luego improvisar prórrogas. El PP lleva meses pidiendo revisar el cierre; el Gobierno lo niega en el discurso y lo concede, en parte, en los hechos.

La red saturada y los centros de datos

El segundo cuello de botella es menos ideológico y más de fontanería eléctrica. Centros de datos, industria, hidrógeno y nueva demanda pelean por enganches a una infraestructura saturada. El Ejecutivo ha anunciado inversiones récord y ha eliminado topes antiguos para ampliar redes, pero los resultados no llegan al ritmo de las solicitudes.

En el argumentario que el PP ha puesto a circular de cara al 29-N —difundido por su portavoz en energía, Juan Diego Requena—, los populares cifran que el 83% de las subestaciones estarían saturadas y que solo se concedería en torno al 12% de las peticiones de acceso. Son datos del partido, no un boletín oficial, y hay que leerlos como tal. Pero el diagnóstico de atasco lo comparten también crónicas de ABC y Economía Digital: sobra generación en horas de sol, falta capacidad de evacuación y de consumo, y el verano de 2026 ha vuelto a batir récords de vertidos renovables.

Traducción para el lector de a pie: se instalan placas, se promete industria limpia y, cuando llega el proyecto gordo, la red dice que no hay hueco. España quiere ser hub de datos del sur de Europa y se encuentra con que la tubería no está dimensionada.

El dossier de los 30 errores

El PP no se ha limitado a pedirle prórrogas a Almaraz. Ha sacado un listado de treinta fallos de la política energética de los ocho años de Sánchez. El relato popular mezcla balanza comercial exterior, pobreza energética, más gas pese al boom fotovoltaico, apagón de 2025 y redes. Según sus números, España habría acumulado cerca de 398.000 millones en importaciones energéticas en el periodo y el consumo de gas para generar electricidad habría subido un 61% pese a sumar decenas de miles de megavatios solares.

Hay que ser claros: es un argumentario de oposición. Señala problemas y cuantifica culpas; ofrece menos receta cerrada sobre cuánto debe durar cada central o cómo se pagan las redes de la próxima década. El Español lo apunta: el hueco del PP está en la alternativa concreta, no solo en la denuncia. Aun así, el documento fija el terreno de juego electoral. Si la izquierda llega al 29-N con la vivienda como bandera, la derecha quiere colar otra pregunta: ¿quién ha planificado el kilovatio?

Emisiones al alza en «modo reforzado»

ABC añade un dato que rompe el autobombo verde: en los nueve primeros meses de 2026, el sistema eléctrico habría generado un 3% más de CO₂ equivalente que en el mismo tramo del año anterior, según la serie de Red Eléctrica. El operador trabaja en un «modo reforzado» de robustez desde el apagón. Más seguridad operativa, más combustión de respaldo, más emisiones. No es el único sector emisor —el transporte pesa mucho—, pero desmonta la idea de que más renovables equivalen, automáticamente, a una curva descendente limpia.

Lo que se juega en las urnas

El 29-N no se decidirá solo en un mapa de subestaciones. Pero el país que vote ese día arrastra un sistema eléctrico tensionado, una nuclear parcialmente rehabilitada por la vía de los hechos y una oposición que ya ha convertido la energía en capítulo de campaña. La pregunta de fondo es de sentido común: se puede llenar España de sol y viento, sí. Lo difícil —y lo caro— es que esa electricidad llegue a tiempo, a precio razonable y sin apagones. Ahí es donde el relato verde de la legislatura enseña la costura.