Alberto Núñez Feijóo ha decidido tocar una de esas teclas que suenan fuerte en cualquier oficina: las bajas laborales. Según eldiario.es, el líder del PP dijo ante empresarios vascos que el “absentismo” en España es “un cáncer”, cifró su coste en 30.000 millones y habló de 1,16 millones de personas afectadas cada día, metiendo bajo ese paraguas bajas, permisos y otras ausencias.
La parte políticamente explosiva no es solo el diagnóstico. Es la receta. Feijóo planteó sentar a sindicatos y patronal para una reforma y, de acuerdo con esa información, defendió recortar sueldo “y prestaciones” a trabajadores de baja “con o sin acuerdo” sindical si no hay pacto. Traducido: el PP empieza a dibujar una agenda laboral donde el coste de enfermar puede volver al centro de la pelea.
La baja como sospecha permanente
Hay un problema real con las empresas que sufren ausencias masivas, con mutuas, inspecciones, listas de espera y bajas que se alargan porque la sanidad pública llega tarde. Pero convertir ese lío en una diana sobre el trabajador enfermo es la vía rápida. Sirve para titular, para calentar auditorios empresariales y para colocar la idea de que, detrás de cada parte médico, puede haber un aprovechado.
Desde una mirada progresista, ahí está la trampa. Si una persona está de baja porque no puede trabajar, recortarle ingresos no cura antes. Puede empobrecerla antes. Puede empujarla a volver sin estar recuperada. Y puede convertir una discusión sobre organización, prevención, salud laboral y tiempos sanitarios en una pelea moral sobre quién merece cobrar.
La palabra “absentismo” funciona como una bolsa enorme donde cabe casi todo. No es lo mismo una incapacidad temporal, un permiso reconocido, una enfermedad profesional, una baja mal gestionada o una ausencia injustificada. Si se mezclan, el debate sale más fácil para quien quiere mano dura, pero peor para quien necesita soluciones finas.
El PP enseña programa económico
La escena también tiene lectura política. Feijóo habla ante empresarios y les promete que, si llega a La Moncloa, moverá una pieza sensible del mercado laboral. No es una ocurrencia suelta: encaja con un PP que intenta presentarse como gestor serio ante la patronal y, a la vez, como alternativa dura frente a un Gobierno al que acusa de haber dejado crecer los costes laborales.
El choque con los sindicatos sería inmediato si la propuesta entra en el terreno de reducir prestaciones. Y el Gobierno, previsiblemente, intentará colocar al PP en el marco de siempre: cuando hay que elegir, la derecha aprieta al asalariado y sonríe al consejo de administración. Feijóo, por su parte, buscará venderlo como una reforma contra abusos y no contra enfermos.
La pregunta útil no es si hay que mirar las bajas. Claro que hay que mirarlas. La pregunta es quién paga el desorden. Si lo paga el trabajador enfermo con menos sueldo, la reforma deja de ser medicina y empieza a parecer escarmiento.
