Alberto Núñez Feijóo ha elegido una fecha con carga simbólica para salir a escena: la víspera de que se cumplan tres años de las elecciones generales del 23J. Según Europa Press, el líder del PP comparece este miércoles para hacer balance del curso político y para “activar la cuenta atrás” de Pedro Sánchez. La frase no es inocente. Es el tipo de mensaje que no describe una rueda de prensa: marca el arranque emocional de una precampaña larga.

La dirección popular sostiene que esta legislatura “nunca debió empezar” porque el PP ganó aquellas elecciones con 137 escaños frente a los 121 del PSOE, aunque Sánchez logró después una mayoría parlamentaria suficiente para ser investido. Ahí está el corazón del relato de Génova: victoria electoral, derrota de investidura y tres años de Gobierno apoyado en una aritmética que el PP presenta como cesiones permanentes a los socios.

Una cuenta atrás no hace caer a un Gobierno

La puesta en escena llega, además, en una semana incómoda para el Ejecutivo. El Congreso vuelve a tener en el radar la senda de estabilidad y el techo de gasto, después de que el Gobierno haya insistido en llevar a las Cortes una pieza clave para sus Presupuestos. La agenda oficial del Congreso confirma actividad parlamentaria esta semana, y la Moncloa mantiene una agenda de Gobierno repartida entre emergencias, reuniones sectoriales y actos ministeriales. Traducido: el Ejecutivo intenta transmitir normalidad; el PP intenta convertir esa normalidad en supervivencia.

El problema para Feijóo es que una cuenta atrás no tumba por sí sola a nadie. Sirve para ordenar a los tuyos, para dar moral a alcaldes y barones, para fijar una melodía en tertulias y mítines. Pero el Gobierno caerá, si cae, por votos en el Congreso, por desgaste social o por una convocatoria electoral. No porque Génova coloque un reloj político sobre la mesa.

El PP busca pasar de indignación a alternativa

Europa Press recoge que el PP quiere poner el foco en “los doce meses o menos” que restan para un cambio. Esa coletilla es importante. El partido lleva semanas golpeando al Gobierno con casos judiciales, crisis interna socialista y falta de Presupuestos. Pero una oposición no vive solo de señalar el incendio del rival. También necesita explicar qué haría distinto al día siguiente.

Ahí está el examen real de Feijóo: convertir el cansancio con Sánchez en una oferta de Gobierno. Si todo se reduce a “Sánchez sobrevive a los jueces”, el mensaje moviliza al votante convencido, pero puede quedarse corto para quien pide vivienda, servicios públicos, estabilidad institucional y una economía que no le obligue a hacer malabares a final de mes. Si el PP quiere que la cuenta atrás sea algo más que un eslogan, tendrá que poner programa donde ahora pone cronómetro.

También hay una paradoja evidente. El PP denuncia que Sánchez gobierna pendiente de sus socios, pero Feijóo tampoco puede ignorar que cualquier mayoría alternativa dependería de pactos. España no está en tiempos de mayorías absolutas. La pregunta, por tanto, no es si habrá acuerdos, sino con quién, para qué y a qué precio. Y esa pregunta vale para Moncloa y para Génova.

El curso acaba, la campaña no

La comparecencia de Feijóo funciona como cierre de curso, pero sobre todo como apertura de temporada. No habrá elecciones mañana por mucho que la oposición quiera tensar el calendario. Sí habrá, probablemente, un otoño con cada votación convertida en plebiscito, cada caso judicial en munición y cada anuncio económico en batalla por el relato.

El PP quiere que España mire el reloj. El Gobierno quiere que mire la agenda. Y el ciudadano, bastante menos épico, mirará si el alquiler baja, si la sanidad responde, si el sueldo aguanta y si las instituciones dejan de parecer una pelea de vecinos con micrófono. Esa es la cuenta atrás que de verdad importa.