En Getafe, el PP no solo ha abierto el curso. Ha elegido el atajo emocional más grueso: el Rey de España contra el Rey de Marruecos. Feijóo ha dicho que en el Gobierno son “distantes con el Rey de España y reverenciales con el Rey de Marruecos”, y ha rematado con la frase hecha para titular: se dicen republicanos y son “los más monárquicos… pero del país equivocado”.

La frase funciona porque duele. También funciona porque simplifica. Convierte una crisis migratoria brutal en Ceuta, con gente real durmiendo donde puede y una ciudad al límite, en un casting de lealtades monárquicas. Como si el problema de España fuera un déficit de reverencia y no una frontera, una red de acogida colapsada y una pelea europea que ya salpica hasta Schengen.

El Rey como utilería de campaña

Meter a Felipe VI en el mitin no es neutro. Es una forma de empujar a la jefatura del Estado al barro diario de la oposición. Feijóo no ha aportado en Getafe una prueba nueva sobre la Casa Real. Ha aportado un contraste retórico: distancia con “nuestro” rey, genuflexión con “el otro”. Eso enciende a la grada. También erosiona el espacio institucional que el propio constitucionalismo dice querer preservar.

El líder del PP puede criticar la política exterior. Puede exigir comparecencias. Puede decir que la frontera se ha ido de las manos. Lo que no debería hacer, si habla en serio de Estado, es convertir la Corona en un arma arrojadiza cada sábado. Porque el día que la monarquía entre en la trituradora de bloques, luego nadie sabrá cómo sacarla.

Ceuta no se arregla con un eslogan de soberanía

Europa Press recoge el resto del repertorio: Gobierno “hostil con los invadidos y dócil con los invasores”; “sumisos” con quien “revienta” las fronteras y “contundentes” con aliados que las protegen; petición a Margarita Robles para que “deje” comparecer a la directora del CNI, Esperanza Casteleiro, en la Comisión de Secretos. Parte de eso ya estaba en el guion de agosto. Parte se reutiliza ahora como arranque de curso.

Hay una demanda legítima de información bajo secreto oficial. Otra cosa es el paquete completo: invadir el debate con acusaciones de sumisión a Rabat, hablar de “invasión” y denunciar silencios ante “violaciones de niñas” y “barbaridades” en playas y plazas sin convertir cada frase del atril en hecho probado. La inseguridad se investiga con datos, policías y juzgados. No con una escalada verbal que mezcla víctimas, frontera y geopolítica hasta que todo suene igual de grave y nada se pueda verificar en el metro.

Ayuso ha ido más lejos en el relato de la coordinación marroquí y de los servicios secretos de Rabat, según elDiario.es. Eso, dicho desde el poder autonómico, no es un tuit de tertulia: es una acusación de Estado. Si hay indicios, van al Congreso, a la fiscalía o a la comisión de secretos. Si no los hay, sobra el megáfono.

La trampa del “80%” y el ruido de la financiación

En el mismo acto, Feijóo ha pasado de Marruecos al dinero. Ha llamado “modelo Junqueras” al nuevo sistema de financiación y ha dicho que lo han rechazado “el 80 por ciento” de los españoles, con solo dos comunidades a favor: Cataluña y Canarias. El truco es viejo: confunde el mapa de gobiernos autonómicos con un referéndum popular. El CPFF no es un censo demoscópico. Es un órgano donde pesan votos institucionales y, sí, también la mayoría del Estado.

Se puede criticar que el acuerdo huela a peaje parlamentario. Se puede exigir multilateralidad de verdad. De hecho, el malestar no es solo del PP: Emiliano García-Page ha llegado a hablar del modelo “más insolidario” de la democracia y la Junta andaluza usa ese disgusto socialista para golpear a Montero. Esa grieta existe. Pero usarla para decir que “España le sobra Sánchez” y que al presidente le sobran Congreso, Senado, Justicia, Policía, Ceuta y el Rey no es un programa. Es una lista de enemigos.

Lo que queda cuando se apaga el atril

El PP pide hablar “de España y a España”. Bien. Entonces hablemos de plazas de acogida, tiempos de traslado, cooperación real con Rabat sin humillación ni mitología, y de un sistema de financiación que no trate la sanidad y la escuela como botín de investidura. Lo demás —el rey bueno, el rey malo, la sumisión y la rabia— es combustible de curso político. Sirve para Getafe. No saca a nadie de una carpa.