Julio deja una foto laboral perfecta para que cada bando elija su mitad. El paro registrado subió en 19.517 personas y se situó en 2.311.499 desempleados, según el Ministerio de Trabajo difundido por Moncloa. A la vez, la afiliación a la Seguridad Social superó los 22,5 millones, un máximo que varios medios económicos han destacado como el gran titular positivo del mes.
La lectura gubernamental es obvia: España mantiene un mercado laboral con mucha gente trabajando y una cifra de paro que, pese al repunte mensual, sigue siendo la más baja en un julio desde 2007. La lectura menos complaciente también existe: el paro sube, vuelve a rebasar la barrera psicológica de los 2,3 millones y el verano no borra los problemas de salarios, temporalidad encubierta, productividad y coste de la vida.
Ni milagro económico ni apocalipsis
Desde una óptica liberal-conservadora, el Gobierno hará mal si convierte cada récord de afiliación en un salvoconducto político. Tener más cotizantes es una buena noticia. Punto. Pero no responde por sí sola a la pregunta que se hace mucha gente al salir del trabajo: si hay tanto empleo, ¿por qué cuesta tanto llegar a fin de mes, pagar alquiler o ahorrar algo sin vivir a crédito?
El dato de paro de julio obliga a bajar el volumen del triunfalismo. El mercado laboral español ha mejorado en número de ocupados, pero sigue arrastrando viejos vicios: demasiada dependencia de sectores estacionales, demasiada precariedad disfrazada de normalidad y demasiada discusión pública reducida a una cifra mensual. El empleo no es solo estar dado de alta. Es estabilidad, sueldo, horarios y posibilidad de construir una vida sin que cada factura parezca una moción de censura doméstica.
La oposición tampoco tiene barra libre
La derecha, por su parte, tampoco puede fingir que un repunte mensual anula el récord de afiliación. Si España supera los 22,5 millones de afiliados, ese dato existe aunque moleste al relato del desastre permanente. La crítica seria no consiste en negar lo bueno, sino en preguntar por su calidad: qué empleos se crean, en qué sectores, con qué salarios y cuánta productividad generan.
Ahí está el debate útil. No en la pelea infantil de “España va como un tiro” contra “España se hunde”. El país puede crear mucho empleo y, al mismo tiempo, ofrecer vidas laborales demasiado frágiles. Puede tener una afiliación histórica y un paro todavía enorme para estándares europeos. Puede mejorar y seguir fallando. La política adulta empieza justo cuando se aceptan esas dos frases a la vez.
El Gobierno tiene derecho a celebrar un máximo de afiliación. También tiene la obligación de explicar por qué el ciudadano medio no siempre siente ese récord en su bolsillo. Porque si el relato económico no aterriza en alquiler, compra, nómina y estabilidad, acaba sonando a gráfico bonito en una rueda de prensa: técnicamente correcto, humanamente insuficiente.
Fuentes y contexto
- La Moncloa / Ministerio de Trabajo: el paro sube en 19.517 personas en julio y se sitúa en 2.311.499
- Yahoo Finanzas: el paro sube en julio y alcanza 2,3 millones de desempleados
- Bolsamanía: el paro sube en 19.517 personas y la Seguridad Social marca máximos con más de 22,5 millones de afiliados
- Antena 3: España supera por primera vez los 22,5 millones de afiliados mientras el paro repunta un 0,85% en julio
