PISA 2025 no es un mal día. Es la radiografía de una década de bajada y de una legislatura que miró a otro lado mientras la lectura se deshacía. España obtiene, según RTVE, SER y el grueso de la prensa del martes, sus peores registros en la serie: cae en ciencias, lectura y matemáticas y se queda bajo la media OCDE y europea.
Las cifras del último tramo, recogidas por elDiario.es, son tozudas: ciencia 477, lectura 451, mates 457, con caídas de 8, 23 y 16 puntos respecto a 2022. En perspectiva de década, RTVE habla de hasta 45 puntos menos en lectura desde 2015, unos 30 en matemáticas y 16 en ciencias. SER lo resume sin anestesia: mayor batacazo histórico desde el año 2000.
La derecha no necesita inventar el diagnóstico. El Mundo recuerda el plan de refuerzo de Matemáticas y Lectura que Sánchez anunció tras el mal PISA de 2022… y del que no se han rendido cuentas. Recuerda también el contexto de la pandemia convertida en norma: promoción más laxa y una Lomloe que puso el acento en bienestar y emociones mientras los básicos se resbalaban. Se puede debatir el peso exacto de cada factor. No se puede debatir el resultado.
La OCDE señala pantallas y capacidad de atención. De acuerdo: el teléfono es un agujero negro. Pero un sistema educativo no puede externalizar toda la culpa al algoritmo. Si a partir de 400 palabras el alumnado «tiene dificultades», el currículo y la evaluación han fallado en lo elemental. Solo un 2% llega al nivel lector alto frente al 6% OCDE. Eso es alarma de país, no matiz de seminario.
El mapa autonómico añade vergüenza selectiva. Madrid y Castilla y León siguen arriba, según SER. Euskadi se hunde en ciencias (459 puntos en el relato de El Mundo). Valencia se va al fondo con la herida de la dana como factor local. Catalunya ni siquiera entra limpia en la foto por la muestra. Cuando el laboratorio nacional sale mal y además se rompe por CCAA, el relato de «excelencia progresista» se cae solo.
Abelardo de la Rosa se sorprende de que caigan más los de mayor nivel socioeconómico. Sorpresa legítima; prioridad clara: recuperar exigencia, lectoescritura, cálculo y ciencia útil. Menos eslogan de competencias blandas, más prueba de que un chaval de 15 años entiende un texto largo y un problema de tres pasos.
PISA no gobierna España. Pero mide si el Estado enseña. En 2025 la respuesta es un suspenso con eco internacional. Quien pida solo más presupuesto sin más rigor está pidiendo lo mismo que nos ha traído hasta aquí. Quien pida rigor sin mirar pantallas y familias también se queda corto. Lo intolerable es otra legislatura de planes sin memoria y de informes que solo sirven para el debate del día.
