Hay gobiernos que gobiernan y gobiernos que actúan. El nuestro, a estas alturas, ha decidido dedicarse al teatro. Este 29 de junio arranca el trámite de los Presupuestos Generales del Estado y lo hace, según informó RTVE, con una advertencia incorporada de fábrica: puede que la legislatura termine sin cuentas nuevas. Léanlo otra vez, porque el matiz lo vale. No es que se abra un proceso y luego, por las cosas de la vida parlamentaria, encalle. Es que se abre el proceso anunciando que quizá no llegue a puerto. Estrenan la obra contándonos el final.
Una función que empieza por el final
Iniciar el trámite de unos Presupuestos a sabiendas de que pueden quedarse en el cajón no es valentía, ni pulso, ni resistencia. Es vender humo con membrete oficial. Un Ejecutivo serio que no tiene los apoyos hace una de dos cosas: los busca de verdad o asume las consecuencias. Lo que no hace es montar el escenario, encender los focos y pedir aplausos por el simple hecho de haber subido el telón. Presentar el trámite como un logro, cuando la propia noticia llega con la amenaza de no aprobar nada, es confundir la actividad con el resultado. Y en política, como en casi todo, lo que cuenta es el resultado.
Porque conviene recordar para qué sirven unos Presupuestos: son la hoja de ruta del dinero de todos. Cuánto se ingresa, cuánto se gasta y en qué. No es un trámite menor ni un acto de relaciones públicas. Es, literalmente, el documento que decide cómo se administra su bolsillo. Y conviene no olvidarlo: detrás de cada partida hay un colegio, una carretera, una pensión o un impuesto que alguien tiene que pagar. Que ese papel dependa hoy de si el Gobierno aguanta la semana, y no de un proyecto de país, dice bastante de las prioridades de quien manda.
El ministro de paseo por el Senado
El martes, según adelantó Servimedia, el ministro de Hacienda comparece en el Senado con los Presupuestos y la financiación autonómica en el foco. Comparecer está bien; faltaría más. Pero comparecer no es aprobar, igual que ensayar no es estrenar. La financiación autonómica lleva años convertida en moneda de cambio, en el clásico café para los míos según quién apriete más fuerte en el momento más delicado. Que vuelva a aparecer sobre la mesa justo cuando hacen falta apoyos no es casualidad: es el método. Primero se necesita el sí de alguien y después, milagrosamente, asoma la generosidad presupuestaria. El orden de los factores, aquí, sí altera el producto.
Improvisación con cara de Estado
Y por si faltara la puntada final, llega Bolsamanía con la guinda: el Gobierno aprueba medidas frente a la guerra de Irán al mismo tiempo que presenta el nuevo cuadro macro de los Presupuestos. Todo junto, todo a la vez, todo en el mismo consejo. Entiéndanme: que un Ejecutivo reaccione a una crisis internacional es su obligación, y nadie se lo discute. Pero meter en el mismo paquete la respuesta a un conflicto bélico y las previsiones económicas sobre las que se levanta el gasto de los próximos años tiene un aire inconfundible a improvisación. El cuadro macro es el cimiento de todo el edificio presupuestario; si las cifras de partida se cocinan con prisa, entre titulares de guerra y urgencias varias, el edificio entero nace con grietas.
Gobernar para durar, no para gobernar
El patrón se repite hasta el agotamiento: cada movimiento está pensado para llegar al lunes siguiente, no para dejar el país algo mejor de como se encontró. Se confunde la supervivencia con la gestión. Se confunde durar con servir. Y mientras tanto el gasto sigue su curso, la maquinaria del Estado sigue tragando y los ciudadanos siguen pagando facturas que no han votado, sostenidas por unas cuentas que ni siquiera está claro que lleguen a existir.
Lo más honesto con el contribuyente sería decir la verdad sin maquillaje: o hay mayoría para aprobar unos Presupuestos solventes, con cabeza y con tijera donde haga falta, o no la hay. Si la hay, que se demuestre en votos. Si no la hay, que se deje el teatro. Lo que no se sostiene es gobernar a base de comparecencias, fotos y anuncios mientras la decisión de fondo se aplaza una y otra vez, semana tras semana.
El telón ya está levantado y la función ha empezado. Pero el público español lleva demasiado tiempo viendo la misma obra como para no reconocer el género: esto no es un drama de altura ni una epopeya reformista. Es un sainete de supervivencia. Y los sainetes, por mucho humo que echen sobre el escenario, siempre acaban igual: con las luces apagadas y la factura encima de la mesa.
Fuentes y contexto
- RTVE — El Gobierno inicia el trámite de los Presupuestos con la amenaza de terminar la legislatura sin aprobar cuentas nuevas
- Servimedia — El ministro de Hacienda comparece el martes en el Senado con los Presupuestos y la financiación autonómica en la mira
- Bolsamanía — El Gobierno aprueba mañana medidas frente a la guerra de Irán junto al nuevo cuadro macro de Presupuestos
