El PSOE ha encontrado una nueva vía para apretar a Alberto Núñez Feijóo, y no pasa por un juzgado: pasa por el registro del Congreso. Los socialistas han presentado este 2 de julio una iniciativa para obligar al líder de la oposición a detallar en su declaración de bienes cómo paga la vivienda en la que reside con su familia en Madrid, según ha publicado Europa Press. Dicho de otra forma: quieren usar la maquinaria parlamentaria para pedirle cuentas a Feijóo por su casa.

De una insinuación de Sánchez a una iniciativa registrada

El origen de todo no es una denuncia ni un informe, sino una insinuación. En el último debate, centrado en los casos de corrupción que afectan al PSOE, Pedro Sánchez dio a entender que Feijóo no declara como debería el pago de su vivienda de El Viso. El presidente deslizó que podría pagarla el PP y que, de ser así, tendría que figurar como una retribución en especie.

Feijóo respondió que esa casa la paga él, junto con la madre de su hijo. Ni informe pericial ni expediente: la palabra de uno frente a la sospecha del otro. Y sobre esa sospecha, sin más soporte que un rifirrafe de estrado, el PSOE ha construido toda una proposición.

Qué pide, exactamente, la iniciativa

Los socialistas reclaman que el jefe de la oposición refleje en sus declaraciones de bienes, actividades e intereses económicos toda la información sobre su patrimonio, sus retribuciones —en renta o en especie, incluido el pago de la vivienda—, sus actividades y sus intereses económicos. Es decir, el detalle fino de su economía privada, puesto negro sobre blanco en un documento oficial.

El argumento de forma es que la declaración que Feijóo tiene publicada en el Congreso es la que presentó en agosto de 2023 y que no se habría actualizado desde entonces, según sostiene el propio PSOE. Sobre ese dato —una declaración vieja— pivota buena parte de la ofensiva.

La Mesa, ese ventilador con mayoría propia

Aquí llega la parte incómoda. La proposición no de ley tiene que pasar primero por la Mesa del Congreso, donde PSOE y Sumar suman mayoría. Serán los letrados quienes valoren si la iniciativa se califica tal cual o si necesita retoques formales para salir adelante. Traducido: el mismo bloque que sostiene al Gobierno decide si la Cámara se convierte en altavoz de una sospecha sobre el líder de la oposición.

No es un matiz menor. Una cosa es fiscalizar al Ejecutivo, que es exactamente para lo que existe el control parlamentario. Otra bien distinta es emplear los resortes del Congreso para hurgar en la economía doméstica del adversario. Cuando la mayoría que gobierna orienta el foco hacia la casa del que tiene enfrente, la Cámara deja de ejercer de contrapeso y empieza a parecerse a otra cosa: a un ventilador.

El ruido que tapa otro ruido

El calendario tampoco parece casual. La ofensiva sobre la vivienda de Feijóo llega justo cuando el PSOE afronta su propia presión por los casos de corrupción que rodean al partido. Y funciona: durante unos días, la conversación pública deja de girar en torno a los problemas de los socialistas para hacerlo sobre quién paga la casa del rival.

Los protagonistas ni siquiera disimulan el tono. «Él solito se metió en este lío. Y no vamos a permitir que salga de él sin que aclare la verdad», escribió el ministro Óscar Puente en X. No es el lenguaje de quien persigue una mejora técnica de la transparencia: es el de quien ha encontrado un flanco y no piensa soltarlo.

Enfrente, Feijóo ya había elevado el tono. En su réplica del 24 de junio, difundida por el PP, cargó contra Sánchez por los casos de corrupción que salpican al Gobierno. Son acusaciones políticas de partido, no resoluciones judiciales, y conviene leerlas como lo que son. Pero dibujan el escenario de fondo: dos bloques que, en vez de discutir presupuestos o vivienda para el resto de los españoles, se disputan el relato de quién resulta más sospechoso.

De momento, nada está admitido ni aprobado. Hay una iniciativa registrada, una Mesa que decidirá y unos letrados con la última palabra sobre la forma. Lo que sí hay ya es una certeza incómoda: el Congreso vuelve a usarse para señalar, y la vivienda de un dirigente se ha convertido en munición arrojadiza. Unos lo llamarán control. Otros, con más precisión, lo llamarán ventilador.

Fuentes y contexto