El Congreso está a punto de tocar una de esas reglas que parecen pequeñas hasta que llegan unas elecciones y cambian la película: quién tiene grupo parlamentario propio y quién queda diluido en el Grupo Mixto. La reforma del Reglamento impulsada por ERC, Junts, Podemos, Compromís y el BNG ha superado el trámite de ponencia con el voto en contra de PP y Vox, según Europa Press.

La idea es facilitar que las formaciones minoritarias puedan tener grupo propio en la próxima legislatura. No se aplicaría a los actuales diputados: una enmienda técnica introducida en la ponencia fija que entrará en vigor con el nuevo Congreso que salga de las próximas generales. El calendario que manejan PSOE y sus socios, siempre según fuentes parlamentarias citadas por Europa Press, apunta a una aprobación definitiva en el Pleno previsto para el 23 de julio.

Más pluralismo, sí; reglas a medida, cuidado

Desde una lectura liberal-conservadora, el debate tiene dos capas. La primera es razonable: España no es un tablero de dos partidos y el Congreso debería reflejar esa pluralidad sin castigar artificialmente a partidos territoriales o pequeños. Tener grupo propio no es solo una etiqueta bonita. Da tiempos de intervención, recursos, visibilidad política y capacidad de marcar agenda.

La segunda capa es más incómoda: cambiar las reglas justo cuando todos miran las encuestas siempre huele a sastrería parlamentaria. La ponencia incorporó una enmienda in voce de Junts, firmada también por ERC y Bildu, para relajar aún más el requisito del porcentaje de voto. Si ahora se exige alcanzar al menos el 10% en las circunscripciones en las que se concurre, el cambio planteado por Junts permitiría computar ese umbral solo en aquellas donde se obtiene representación.

Vox ha protestado por el modo de introducir el cambio, al que acusa de hacerse sin aviso y fuera de plazo, y sostiene que en la práctica ayuda a los socios del Gobierno a conservar grupo si sufren un mal resultado electoral. PP y Vox ya habían visto caer en junio sus textos alternativos y volverán a dar la batalla en la Comisión de Reglamento.

El Mixto no puede ser un trastero político

La objeción de la derecha no debe tapar un problema real: el Grupo Mixto puede convertirse en un trastero donde conviven partidos con intereses, territorios y estrategias totalmente distintas. Eso empobrece el debate y deja a algunas minorías con menos altavoz del que han ganado en las urnas. Pero la solución tampoco puede ser convertir cada reforma del Reglamento en un seguro de supervivencia para socios coyunturales.

El Congreso publicó el 10 de julio documentación oficial sobre la proposición de reforma del Reglamento, incluida en las últimas publicaciones del BOCG. Ese rastro institucional es clave porque evita vender la operación como un rumor de pasillo: la reforma está en marcha, tiene trámite y tiene fecha política.

La pregunta de fondo es sencilla: ¿queremos un Parlamento más plural o un sistema de incentivos para fragmentar todavía más la Cámara? La respuesta no cabe en un eslogan. Facilitar grupos puede mejorar la representación; hacerlo con fórmulas demasiado oportunas puede alimentar la sospecha de que las reglas del juego se escriben mirando la calculadora de aliados. Y esa sospecha, en una democracia ya bastante cansada, no sale gratis.