El 2 de septiembre es el Día de Ceuta. Y esta vez la Casa del Rey no se limitó a un silencio protocolario. Publicó una imagen de las banderas de Ceuta, España y la Unión Europea en el salón de audiencias de Zarzuela y un mensaje seco, casi de eslogan de Estado: “La Corona y todos, con nuestra ciudad. Unidad, convivencia y futuro.”
No es un detalle menor. Según la cobertura de varios medios, Zarzuela no acostumbra a este tipo de felicitaciones públicas a comunidades o ciudades autónomas. Estrenar el gesto precisamente con Ceuta, en plena crisis migratoria abierta desde el 30 de julio, manda una señal: la ciudad no es un problema lejano ni un tablero diplomático abstracto. Es territorio español y frontera europea.
Una llamada al presidente Vivas
Poco después del mensaje en X, la Casa del Rey informó de que Felipe VI habló con Juan Jesús Vivas. Le trasladó el apoyo de toda España “de manera especial por la situación que está sufriendo”, y reconoció el trabajo de servidores públicos, voluntarios, asociaciones, gremios y representantes de distintas confesiones. Es decir: no solo simbología de banderas. También un reconocimiento a quienes están aguantando el día a día en la ciudad.
El monarca lleva semanas siguiendo la crisis. El 1 de agosto Zarzuela ya habló de “gran preocupación e indignación” por la entrada masiva y pidió medidas. Desde entonces, la visita real a Ceuta está encima de la mesa. Y ahí aparece el cuello de botella político: el viaje del jefe del Estado necesita el encaje del Gobierno.
Sánchez dice que hay razones. Falta la fecha
El lunes, Pedro Sánchez afirmó que hay “razones suficientes” para que el Rey visite Ceuta. Moncloa sostiene que la visita “se hará”, pero sin calendario. Mientras tanto, Felipe VI no puede improvisar un desplazamiento de Estado por su cuenta. El resultado es una imagen incómoda: la Corona arropa a Ceuta en su día; el Ejecutivo habla de voluntad y no concreta el cuándo.
Esa tensión no nace de la nada. Tras el primer mensaje de agosto, varias crónicas situaron malestar en Moncloa por un tono de Zarzuela más centrado en seguridad y apoyo “claro y determinante” a Ceuta y Melilla, frente a una estrategia gubernamental que insiste en la cooperación con Marruecos. Hoy el mensaje vuelve a ser de unidad. No es un ataque partidista. Es un recordatorio institucional de pertenencia.
Lo que el gesto sí dice — y lo que no inventa
El gesto dice que Ceuta es “nuestra ciudad”. Dice unidad y convivencia. Dice que Europa también está en esa foto de banderas. No convierte por sí solo el informe policial en sentencia, ni resuelve la frontera, ni sustituye la política migratoria del Gobierno. Tampoco prueba, por sí solo, una ruptura formal Corona-Moncloa. Lo que sí hace es llenar un vacío de simbolismo estatal en el día más sensible del calendario ceutí.
Para mucha gente en Ceuta, después de más de un mes de presión migratoria y de pelea política en Madrid, ese vacío pesaba. La oposición lo usará para apretar. El Gobierno dirá que la visita llegará. La Casa del Rey, por una vez, ha elegido no esperar al comunicado perfecto: ha dicho, en público y sin letra pequeña, de qué lado está el mapa.
