El curso político no ha empezado con un BOE ni con un mitin. Ha empezado con Pedro Sánchez en la Cadena SER, un mes después de la entrada masiva de migrantes en Ceuta, intentando fijar el relato antes de que se lo fijen otros.

El mensaje principal fue de manual de coalición tensa: cooperación con Marruecos, visita del Rey a Ceuta y Melilla “cuando se den las condiciones”, y un no rotundo a repartir por la península a quienes siguen en la ciudad autónoma. La respuesta de sus socios no tardó: Sumar y Compromís le dijeron, en esencia, que faltan empatía, crítica a Rabat y una vía real de salida.

El Rey, sí; la fecha, ya se verá

Sánchez aseguró que hay “argumentos y razones suficientes” para que Felipe VI visite Ceuta y Melilla, ciudades a las que, según subrayó, no ha ido desde que reinó en 2014. Dijo haber compartido la idea con el jefe del Estado y que “es lo que se va a hacer”, pero remitió la fecha a la coordinación entre Gobierno y Casa Real. “Eso tendrá que preguntárselo a Casa Real”, zanjó cuando le apretaron el calendario.

No es un detalle menor. En política simbólica, una visita real a Ceuta tras una crisis de frontera vale casi tanto como un refuerzo policial: marca soberanía, marca Estado y marca quién manda el relato. El presidente, de paso, se comparó a sí mismo: reivindica haber visitado ambas ciudades “más” que quienes ahora, según su ironía, descubren Perejil como hito patriótico.

Marruecos, intocable en el relato oficial

Donde Sánchez no dejó resquicio fue en la defensa de Rabat. “Esta crisis solo se resuelve con la cooperación y no con la falta de confianza en Marruecos, que agravaría la situación”, dijo. Añadió que no hay información de ningún centro de inteligencia que apunte a la participación de las autoridades marroquíes.

La causa, según su versión, es otra: la tergiversación de la sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio, unida a bulos y desinformación. Citó redes rusas e israelíes y una “internacional ultraderechista”, y afirmó que el Servicio Europeo de Acción Exterior les transmitió que hubo redes que propagaron bulos. Es un marco cómodo para Moncloa: externaliza la chispa y protege la relación bilateral. También es el punto que más ha irritado a la izquierda del Gobierno.

CNI, Robles, Marlaska: sí hubo papeles, no hubo “avalancha” prevista

El presidente negó “contradicciones” entre Interior y Defensa. Admitió informes de situación del CNI y de la Policía Nacional sobre aumento de flujos irregulares en los días previos, pero insistió en que nadie predijo la magnitud ni el carácter de la entrada. Se alineó, de facto, con la línea de Fernando Grande-Marlaska frente a la lectura más alarmista atribuida a Margarita Robles.

Según su relato, entre el 26 y el 29 de julio hubo reuniones con autoridades ceutíes y se tomaron medidas: más control en frontera y ampliar plazas del CETI, “pero no de la manera tan desmesurada” que luego se vivió. Sobre el mando único, tardío a ojos de la oposición, explicó que al principio no se consideró necesario por experiencia previa en Ceuta 2021 y Canarias, y que se activó después por la escala del episodio.

Cinco mil personas, mil doscientos menores y cero península

Las cifras que dio Sánchez son el corazón práctico del debate. Calcula unos 5.000 migrantes aún en Ceuta, 1.200 de ellos menores. Anuncia capacidad próxima de unas 6.000 plazas y descarta traslados a la península: quiere resolver expedientes —sobre todo de menores— en la propia ciudad. Afirma que entre el 30 y el 31 de julio entraron alrededor de 70.000 personas y que cerca del 90% regresó a Marruecos en días siguientes; tras el 10 de agosto, cita 3.222 retornos voluntarios. Y sostiene que la mayor parte entró por motivos económicos, de modo que “muy previsiblemente” serán devueltos.

Eso, dicho desde Madrid, suena a plan. Dicho desde Ceuta, suena a que la ciudad sigue haciendo de almacén humanitario y judicial del Estado mientras el resto de España mira el telediario.

Sumar y Compromís no compran el guion

Verónica Martínez Barbero, de Movimiento Sumar, reaccionó en seco a la entrevista: “Han faltado críticas a Marruecos por lo sucedido. Ha faltado empatía con la población ceutí y las personas migrantes, pero sobre todo han faltado vías de resolución.” Su propuesta es clara: organizar traslados a la península de menores, migrantes y refugiados, y tramitar desde ahí con garantías, cuidando a la vez a la población ceutí.

Alberto Ibáñez (Compromís, grupo Sumar) fue más duro: dice que Sánchez “no es en absoluto creíble” al excluir a Marruecos mientras apunta a Trump, Israel o Rusia, y le pide superar su “síndrome de Estocolmo” con Mohamed VI. Pide acogida urgente de menores no acompañados en la península y una respuesta “contundente del Estado” ante lo que califica de ataque híbrido.

Incluso en el flanco más a la izquierda, Ione Belarra (Podemos) acusó al presidente de terminar el mandato “rendido ante Marruecos”. Y en la derecha, el dirigente del PP Juan Bravo habló de “rendición” y “debilidad máxima” por dar las gracias a Rabat. Cuando te critican el mismo punto desde Sumar y desde el PP, el problema no es de eslogan: es de credibilidad de la política exterior aplicada a la frontera.

Qué queda en el aire

Tres cosas siguen sin cerrarse. Primera: la fecha real de la visita del Rey, convertida ya en símbolo antes que en agenda. Segunda: si el Estado puede de verdad resolver miles de expedientes en Ceuta sin saturar juzgados, CETI y barrio. Tercera: si la coalición aguanta un relato que absuelve a Rabat mientras la ciudad autónoma y parte de la izquierda piden otra cosa.

Sánchez ha elegido cooperar con Marruecos y no repartir. Sus socios le responden que cooperar no es callar, y que no repartir no es empatía. El Congreso, cuando vuelva del calor, tendrá material de sobra.