En el Senado no hace falta gritar “crisis de Gobierno” para dejar a una ministra en evidencia. Basta una aritmética fría: 146 votos a favor, 108 en contra y una abstención. Con esos números, la Cámara Alta ha aprobado una moción del PP que reclama la dimisión inmediata de Mónica García al frente de Sanidad.

No es un cese. No es un BOE. Es peor para el relato del Ejecutivo: es una mayoría senatorial diciendo en voz alta que la política sanitaria nacional va a la deriva y que la responsable política debería irse. El PP tumbó las enmiendas de Vox y Más Madrid y sacó el texto en sus términos. Mensaje: la ofensiva la marca Genova, no la ultraderecha.

Listas, plantillas y un Estatuto que arde

El senador popular Enrique Ruiz Escudero —exconsejero de Sanidad en Madrid— clavó el diagnóstico que el PP lleva meses repitiendo: siguen las listas de espera, sigue la falta de profesionales, sigue una atención primaria sobrecargada y sigue sin resolverse la planificación de recursos humanos. A eso sumó la reforma del Estatuto Marco y la presión asistencial también sentida en Ceuta, donde los profesionales anuncian movilizaciones.

No es solo un mitin de oposición. En interpelaciones recientes, la senadora Rosa Romero preguntó a García si la sanidad pública está hoy mejor que cuando llegó al ministerio y le afeó un Estatuto actualizado “de espaldas” a profesionales, sindicatos y comunidades. El PP dice compartir la necesidad de modernizar una norma de 2003… y niega que se pueda hacer contra quienes tienen que aplicarla.

García respondió a su manera: tildó de “cínico” e “hipócrita” al PP, le recordó recortes autonómicos y le invitó a enmendar el proyecto en el Congreso, incluida la reducción de guardias. Es el choque clásico: Moncloa habla de bandera de los profesionales; el PP enseña huelgas, movilizaciones de otoño e informes de Hacienda y Economía pidiendo más rigor de costes.

Qué cambia de verdad (y qué no)

Una moción en el Senado no destituye a un ministro. Sánchez puede mirar para otro lado y agotar la legislatura con García en el cargo. Pero el coste político es real: cada lista de espera, cada plaza de difícil cobertura y cada guardia interminable se leerá ahora con un sello de reprobación de la Cámara Alta.

El Gobierno preferirá enmarcar esto como “ruido de un Senado conservador”. El PP preferirá venderlo como la foto de una ministra agotada. En el medio queda lo que importa al paciente: si tarda meses en una prueba, le da igual el hashtag. La moción no cura. Sí deja por escrito que, para la mayoría del Senado, el experimento de García en Sanidad ya no merece el beneficio de la duda.

Si el Ejecutivo cree que la sanidad es su activo social, tendrá que demostrar algo más que un Estatuto en tramitación y una réplica airada. Si no, el PP ya tiene el titular listo para cada telediario de colapso hospitalario: ni el Senado le compra el relato.