Mes y medio después de la entrada masiva de finales de julio, Ceuta sigue sin cifra oficial cerrada de cuánta gente permanece en la ciudad, con chabolas que se extienden más allá del Trampolín y con un Gobierno que habla de “acortar plazos” mientras admite que la normalidad puede alargarse hasta final de año. En paralelo, La Moncloa ha jugado una carta arriesgada: desclasificar papeles de Policía, Guardia Civil, inteligencia militar y CNI para sostener que nadie previó la magnitud del alud. El efecto, según fuentes de inteligencia citadas por la prensa y cargos socialistas consultados en abierto, ha sido el contrario del buscado.
La desclasificación que se vuelve en contra
El relato oficial insiste en que el CNI no alertó de la “magnitud” de lo que venía. Los documentos sacados a la luz, sin embargo, se han leído de forma generalizada como prueba de otra cosa: que hubo avisos y que el Ejecutivo no les dio la relevancia debida. Agentes del servicio, en testimonios anónimos recogidos tras la desclasificación, hablan de un golpe a la credibilidad del CNI ante otras agencias y de puentes de confianza quemados. El Gobierno mantiene su tesis. El malestar en inteligencia, Policía y Guardia Civil, según esas mismas informaciones, es un hecho político, no un rumor de pasillo.
Dentro del PSOE y del propio Ejecutivo ya no se esconde la autocrítica. Varios cargos admiten reacción tardía, error en la inacción de los primeros días y un coste reputacional por las tres semanas de Pedro Sánchez en La Mareta sin interrumpir vacaciones. La frase que resume el clima interno es dura y poco habitual en la familia socialista: “Es la primera vez en tres años y medio que el PP nos gana el relato”. Cuando tus propios cuadros dicen eso en voz alta, el problema ya no es solo de frontera. Es de mando.
Devolver sí… ¿cuándo y con qué método?
En el Congreso y el Senado el choque es frontal. El PP exige devolver ya a Marruecos a quienes entraron de forma irregular y reforzar la presencia de las fuerzas de seguridad. El PSOE acusa a los populares de alargar la crisis por rédito electoral y de sembrar alarma. En el medio queda la realidad operativa: el Gobierno dice tener identificados a unos 1.800 migrantes de los miles que viven en asentamientos; Marruecos, en comunicado y en carta a eurodiputados, se compromete a readmitir; y aun así el retorno no es automático. Hay identificación, estudio caso a caso y vía de protección internacional. El pacto migratorio europeo acelera trámites, no convierte el derecho en un sello de goma.
Eso no absuelve al Ejecutivo. Si Rabat dice estar dispuesto a readmitir y el Gobierno reconoce que una parte no tiene derecho a permanecer, cada semana de chabolas nuevas —Benitez como segunda Lampedusa improvisada, con 700 a 1.000 menores aún en calle según estimaciones publicadas— es tiempo perdido de Estado. El ministro del Interior sostiene que no había contexto ni alerta que hiciera prever el alud; la oposición le pone encima los papeles desclasificados y le pide dimisión. Mientras tanto, se trabajan miles de plazas de acogida con retraso respecto a lo que se montó en 2021, y la ciudad sigue pagando el peaje de la improvisación.
Europa ya no es un eco lejano
El PP ha conseguido europeizar el conflicto. En Estrasburgo hubo debate a su iniciativa; el PPE habla de ataque híbrido e instrumentalización de migrantes; los socialistas europeos piden contención para no romper equilibrios con un socio necesario. Rabat ha escrito a eurodiputados prometiendo retornos —incluidos menores y terceros países— e investigando causas y actores. Feijóo, de camino a verse con el comisario Magnus Brunner y con Manfred Weber, pide que la UE defienda la frontera sur “como la de Ucrania”. Es una analogía política gruesa, pero marca el tablero: Ceuta ya no se discute solo en el hemiciclo español.
La lectura de derechas es clara. Un Gobierno que llega tarde, pelea con sus servicios, desclasifica para tapar y acaba defendiendo el relato de Marruecos mientras la ciudad se llena de asentamientos no está ejerciendo soberanía: está negociando el desgaste. La frontera sur no se sostiene con notas de prensa ni con la esperanza de que el calendario llegue a diciembre. Se sostiene con anticipación, con retornos efectivos cuando la ley lo permite y con un Ejecutivo que no regale el relato a la oposición por no querer mirar de frente lo que ya estaba escrito en sus propios papeles.
Fuentes y contexto
- El Mundo — agentes del CNI tras la desclasificación de documentos de Ceuta
- El Mundo — cargos de Sánchez admiten que el PP gana el relato
- El Mundo — choque PP-PSOE por devoluciones y gestión
- La Vanguardia — devoluciones, identificación y plazos
- La Vanguardia — acortar plazos y menores en calle
- El Confidencial — debate europeo y carta de Rabat
- RTVE — debate en el Parlamento Europeo sobre Ceuta
