Salvador Illa ha subido al escenario del Museu Marítim con el eslogan El futur és aquí y ha metido en el relato el santo grial de la escuela catalana: el 6% del PIB en educación. Suena a ruptura. Suena a fin de ciclo de recortes y parches. Al día siguiente, la portavoz del Govern, Sílvia Paneque, ha bajado el volumen: será un incremento gradual, “no se hace de hoy para mañana”, no con uno, dos o tres presupuestos… y tampoco garantiza que se alcance en la década que Illa dibuja como horizonte político.

Eso no es un detalle. Es el truco. Primero el titular gordo. Después la letra pequeña sin calendario, sin partida y sin cheque. La Ley de Educación de Catalunya lleva el 6% escrito desde 2009. Diecisiete años de incumplimiento no se arreglan con una frase bonita en un museo.

De casi el 4% a un salto que nadie presupuesta

Hoy Cataluña destina en torno al 4% del PIB a educación, algo por debajo de la media española, según el propio Ejecutivo. En los presupuestos de 2026 hay 8.356 millones para educación y FP. Llegar al 6% implica, en la práctica, casi duplicar recursos; crónicas del debate hablan de superar con creces los 20.000 millones. Paneque admite que la nueva financiación autonómica —en torno a 4.700 millones extra— no bastaría sola, aunque sin ella sería “muy difícil”. También apela a la colaboración público-privada, sobre todo para climatizar aulas.

Porque Illa sí ha puesto fecha a otra cosa: el plan Actualiza Clima, con 2.558 millones para climatizar 2.530 centros educativos públicos y 51 residencias antes del curso 2030-2031. Ahí hay números y un horizonte. En el 6% educativo, en cambio, el Govern pide “confianza” y recuerda promesas anteriores. Confianza no es presupuesto.

Los sindicatos ya no tragan humo

Ustec, el principal sindicato de la escuela pública y convocante de la huelga del primer día de curso, ha recibido el anuncio con la cautela de quien lleva años en la trinchera. Sin plazos vinculantes, dicen, el 6% corre el riesgo de ser otra declaración de intenciones. Piden objetivos anuales, partidas desde 2027 y prioridad clara para la red pública. También recuerdan deberes a medias: salarios, inclusiva, ratios, burocracia. Este sábado la Assemblea Educativa de Catalunya decide si hay más movilizaciones. No es un coro de aplausos; es un test de credibilidad.

Junts hace las cuentas… y no salen

Jordi Turull ha sido directo: con los unos 4.500 millones del nuevo modelo de financiación “no hay ni para empezar” si se suma el 6% educativo a las necesidades sanitarias. “O es mentira la promesa o hay que revisarla.” Ha afeado a Illa un discurso de “agencia de publicidad”, la patada adelante y la falta de autocrítica tras el desgaste escolar —conflicto docente, resultados y el fantasma de PISA—. Incluso ha dejado caer que no premiarán la incompetencia en el liderazgo del Departament d’Educació.

Se puede querer más inversión pública en aulas. Se puede discutir cómo financiarla sin reventar el déficit. Lo que no se puede es vender un salto histórico sin fecha, sin mapa fiscal y sin asumir que el 6% de la LEC lleva diecisiete años siendo un adorno legal. Illa ha puesto el futuro en el cartel. Los números, de momento, siguen en el aire.