El Gobierno ha intentado vender la senda de estabilidad presupuestaria como un "récord histórico de recursos", pero en el Congreso la realidad ha sido un golpe seco. El rechazo coordinado de PP, Vox y Junts deja al Ejecutivo en una posición de vulnerabilidad extrema justo antes del cierre del curso político.

Para el Gobierno, movilizar 226.000 millones es una señal de fortaleza y compromiso social. Para la oposición, es la confirmación de una gestión fiscal temeraria que ignora las reglas europeas y prefiere el gasto expansivo a la sostenibilidad. Patxi López, portavoz del PSOE, ha cuestionado quién podría votar en contra de tal inversión, pero la respuesta ha llegado en la urna parlamentaria: el presupuesto no se sostiene solo con buenas intenciones.

El factor Junts: el chantaje recurrente

Lo más llamativo no es la alianza natural entre el PP y Vox, sino la sumisión del Gobierno a las exigencias de Junts. Al votar en contra de la senda de déficit, el partido de Carles Puigdemont vuelve a demostrar que posee la llave de la supervivencia de Sánchez. No es una cuestión de ideología económica, sino de precio político.

El Gobierno se encuentra ahora en un callejón sin salida. O recorta la ambición de sus gastos para atraer a algún sector de la oposición, o acepta que sus Presupuestos de 2027 nacen muertos. La narrativa del "récord histórico" suena hueca cuando el consenso mínimo para aprobarla es inexistente.