Sumar intenta vender músculo en mitad de una legislatura que ya no camina: se arrastra, negocia, tropieza y vuelve a levantarse con cinta americana parlamentaria. La nueva líder de Movimiento Sumar, Verónica Martínez Barbero, lo formula con una frase pensada para titular: “No estamos aguantando, estamos gobernando”.
La entrevista publicada por EFE tiene interés porque retrata el dilema de la izquierda minoritaria dentro del Gobierno. Sumar quiere agotar la legislatura pese a las causas judiciales que afectan al PSOE y pese al desgaste evidente del bloque. Pero no quiere aparecer como simple muleta de Pedro Sánchez. Por eso Barbero marca agenda: registro horario, prestación universal por crianza, vivienda y medidas anticorrupción.
La frase funciona. El problema es que la realidad suele ser menos agradecida que un lema. Gobernar no es solo estar sentado en el Consejo de Ministros ni arrancar algún decreto después de semanas de presión. Gobernar también es mandar, priorizar y asumir costes. Y ahí Sumar sigue atrapado entre dos miedos: si aprieta demasiado al PSOE, puede romper el único poder institucional que conserva; si aprieta poco, desaparece dentro del abrazo socialista.
La coalición que quiere ser algo más que resistencia
Barbero reprocha al PSOE una legislatura de “aguantar” y “gestionar lo existente”. Es una crítica suave, pero va al corazón del asunto. Sumar necesita demostrar a sus votantes que no está en el Ejecutivo para administrar el cansancio, sino para sacar medidas reconocibles. Vivienda, tiempo de trabajo y crianza son terrenos donde puede hablar a gente que no sigue el teatrillo diario del Congreso.
También introduce un punto delicado: las investigaciones que afectan al PSOE y a figuras de su entorno. Según EFE, Barbero pide explicaciones y medidas anticorrupción, como un estatuto de expresidentes y una ley de lobbies, pero afirma que no tienen prueba de que Sánchez estuviera al tanto de esas cuestiones. Es una línea prudente: suficiente para marcar distancia, insuficiente para abrir una crisis real.
Desde una lectura liberal-conservadora, ahí está precisamente la debilidad. Sumar denuncia el barro, pero sigue dentro del coche. Exige limpieza, pero no amenaza con bajarse. Reclama regeneración, pero mantiene vivo al socio que concentra el desgaste. Puede que sea responsabilidad institucional. También puede parecer puro cálculo de supervivencia.
Podemos, Rufián y el otoño que viene
La nueva dirección tampoco despeja quién encabezará la coalición en las próximas generales, después de la renuncia de Yolanda Díaz a repetir como candidata. Barbero dice que se decidirá de forma colectiva en otoño y no se descarta si se lo piden. Sobre Gabriel Rufián, llega a decir “ojalá más gabrieles rufianes”, y sobre Podemos sostiene que aspiran a sumar a cuantas más fuerzas mejor para frenar a PP y Vox.
Ese deseo de unidad tiene una parte lógica: la fragmentación castiga. Pero también tiene memoria. La izquierda alternativa lleva años convirtiendo cada recomposición en una asamblea permanente, con nombres nuevos para problemas viejos. Sumar ya no es el gran paraguas inicial: Movimiento Sumar pasa a ser un partido más, con IU, Más Madrid y los comunes alrededor, y con Podemos como herida abierta.
La cuestión no es si Barbero tiene una buena frase. La cuestión es si Sumar puede convertirla en hechos antes de que la legislatura se agote sola. Porque “estamos gobernando” exige resultados visibles. Si no llegan, el votante puede traducirlo de una manera bastante más cruel: estaban resistiendo, pero lo llamaban gobernar.
