Mientras el PP monta el atril de la frontera en Getafe, en la otra orilla del Gobierno de coalición el arranque de curso suena distinto. No es “ley y orden” como eslogan único. Es otra pregunta, más incómoda para Moncloa: si Ceuta estalla, ¿se descongestiona de verdad o se deja que la ciudad aguante sola mientras Madrid discute relatos?
Europa Press resume el estado de ánimo de Sumar con bastante precisión. La crisis migratoria y el roce con el PSOE marcan el inicio de curso. Y, en paralelo, sigue sin cerrarse lo que la confluencia arrastra desde febrero: marca electoral y cabeza de cartel para las generales. Rosa Martínez dice que no hay drama interno y pide rigor. Ernest Urtasun repite que no hay que caer en el debate de nombres. Traducción: ahora mismo, cualquier foto de primarias pesaría como una frivolidad.
La prioridad que pone nervioso al socio mayor
La demanda más concreta no es un hashtag. Es el traslado de personas migrantes a la península para bajar la presión sobre Ceuta. Diversas voces del socio minoritario admiten que el Ejecutivo está en un brete, pero exigen al PSOE cambiar de estrategia y descongestionar la ciudad. Antonio Maíllo, coordinador federal de IU, lo ha dicho sin anestesia: hay que mover sobre todo a menores vulnerables y hay que hacerlo ya.
Maíllo afirma que IU ha contabilizado unas 10.000 plazas disponibles en acogida peninsular y pone el foco en reubicar unos 500 menores en situación de especial vulnerabilidad. Ojo: es una contabilización de IU, no un inventario oficial publicado por el Gobierno. Pero el marco político queda claro. Para esta izquierda, la emergencia no se resuelve solo con más vallado: se resuelve redistribuyendo carga y cumpliendo la obligación legal de cuidar a menores.
Y lanza un aviso a las comunidades del PP: si rechazan la derivación de menores no acompañados, dice, pueden acabar en terreno de prevaricación. Es una amenaza jurídica en boca de un dirigente, no una condena. Pero dibuja el choque territorial que viene si Moncloa se mueve de verdad.
Marruecos, el CNI y la frase que nadie quería oír en coalición
Donde Sumar se separa del guion más prudente del PSOE es en Marruecos. Sectores de la confluencia consideran evidente la responsabilidad de Rabat, por acción o por omisión, en la entrada del 30 y 31 de julio. Sánchez, en cambio, ha mantenido que no hay pruebas de ese papel y ha prometido contundencia si se demuestra. Esa “i” condicional es exactamente lo que irrita a parte de su socio.
Tampoco sentó bien enterarse tarde de gestos diplomáticos. Según el relato recogido por Europa Press, en Sumar molestó descubrir en la comparecencia del jueves que el 21 de agosto se había llamado a consultas a la embajada marroquí, algo que venían pidiendo desde el inicio de la crisis. Cuando tu socio se entera por la tele de una decisión de política exterior, la coalición no se rompe… pero cruje.
Maíllo ha ido más lejos en el reparto de culpas internas. Habla de “sensación de descontrol” en Interior. Dice que Fernando Grande-Marlaska debería asumir responsabilidades si no supo trasladar avisos dentro del Gobierno. Y apunta a un “fracaso” del CNI por no detectar movimientos en frontera. Son valoraciones políticas, no conclusiones judiciales. También ha dejado la puerta abierta a que haya comportamientos desleales dentro de las fuerzas de seguridad si la información no subió. En una coalición, ese tipo de frases no se lanzan por deporte: se lanzan para forzar depuración o, como mínimo, explicaciones.
Vivienda en el calendario… y candidatura en la nevera
No todo es Ceuta. Sumar mantiene como objetivo que el decreto de vivienda —con la prórroga de contratos de alquiler— llegue al Consejo de Ministros antes de que termine septiembre. Es una forma de recordar que su electorado no solo mira la frontera: mira el alquiler a fin de mes.
Pero el reloj electoral no se detiene. IU, Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar habían situado septiembre y octubre como ventana para manifiesto, marca y nombre. Maíllo habló en agosto de tres fases seguidas. Ahora admiten que la crisis condiciona el tempo: no quieren parecer ensimismados, pero tampoco pueden llegar a 2027 sin cartelería. El equilibrio es diabólico.
La lectura de izquierdas del sábado es bastante clara. El PP empuja un paquete de expulsiones, rechazo en frontera y relato de invasión. Sumar e IU responden con otra jerarquía: vaciar la olla a presión de Ceuta, repartir menores, señalar a Marruecos sin miedo y pedir cuentas si Interior o la inteligencia fallaron. No niegan que haya un problema de frontera. Discuten qué se hace con las personas que ya están dentro y quién paga el coste político de haber llegado tarde.
Para Moncloa, el problema es de aritmética y de relato a la vez. Necesita a Sumar para gobernar y necesita no regalar al PP el marco de “Gobierno débil con Rabat”. Para Sumar, el riesgo es el inverso: quedar pegados a la prudencia socialista y perder la voz propia justo cuando el curso se pone electoral. Por eso este inicio de curso no es un trámite. Es una prueba de si la coalición todavía sabe pelear la misma crisis con dos lenguajes sin romperse por el camino.
