Un mes después de que más de 70.000 personas cruzaran a nado hacia Ceuta, Santiago Abascal ha elegido el escenario más simbólico posible —El Escorial— para abrir el curso con una frase de máximo voltaje: España, dice, padece una “traición”. No habla de un error de gestión. Habla de un presidente que, según Vox, conocía lo que venía, no lo impidió y ahora tampoco lo revierte.
El ataque llega pocas horas después de que Pedro Sánchez reapareciera en la Cadena SER exculpando a Marruecos. La respuesta de Abascal cabe en una sola imagen política: quien actúa así tras lo que Vox llama invasión “es el enemigo de los españoles de Ceuta”. Y de ahí al siguiente escalón: suspender el marco de amistad con Rabat.
Del tuit a la declaración: Vox quiere romper el marco
El Comité Ejecutivo Nacional de Vox ha aprobado por unanimidad una declaración política en defensa de la soberanía de Ceuta y Melilla y para pedir la suspensión del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación con Marruecos. También apunta al acuerdo preferencial de la UE con el reino alauí. El mensaje es nítido: “no puede ser amigo quien invade y quien reclama parte del territorio histórico español”.
La formación recuerda las reivindicaciones del ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, sobre Ceuta y Melilla apenas dos semanas después de la entrada masiva. Y sube la apuesta diplomática: convocar al embajador marroquí en España, llamar a consultas al embajador español en Rabat y, si la situación persiste, retirar y expulsar embajadores. La suspensión del tratado, en su texto, queda condicionada a un reconocimiento expreso de la soberanía española y a una cooperación efectiva en la readmisión de nacionales marroquíes con retorno o expulsión acordados.
El 102 como arma: presión máxima sobre el PP
Lo más inflamable no es solo Marruecos. Es el Congreso. Abascal anuncia que llevará una iniciativa para activar el artículo 102 de la Constitución y que Sánchez sea juzgado por traición. Y mira de frente a Alberto Núñez Feijóo: quiere los votos del PP. Aquí conviene no mezclar. Que Vox lo pida no significa que el PP lo haya abrazado. De momento, los populares aprietan por otra vía.
Borja Sémper acusa a Sánchez de “conspiranoia” por señalar a actores internacionales y redes mientras exculpa a Rabat, y lanza la pregunta que la derecha va a repetir hasta el jueves en el Congreso: ¿alguien cree que decenas de miles de personas cruzan un país sin que el de origen lo sepa? El PP exige respeto a la Corona tras el anuncio de una visita del Rey a Ceuta —aún sin fecha— y sostiene que, si Feijóo gobernara, acompañaría a Felipe VI. Es dureza institucional. No es, todavía, el 102.
Soberanía o gesticulación
Se puede y se debe exigir rigor jurídico: “traición” es una palabra penal de altísimo voltaje, no un eslogan de arranque de curso. Convertir una acusación política en veredicto es el atajo que luego se vuelve en contra. Pero también es de libro fingir que Ceuta es solo un problema de camas y de bulos mientras Rabat reivindica las plazas y el Gobierno presume de relación “fantástica”.
La derecha tiene aquí un test de madurez. O convierte la soberanía, la readmisión y la capacidad del Estado en una agenda verificable —frontera, justicia, diplomacia, retorno— o se queda en el fogonazo de El Escorial. Vox ya ha puesto el listón: suspender el tratado y forzar al PP. El PP, de momento, apunta a Marruecos sin romper la baraja. El Gobierno, si quiere restarles oxígeno, necesita algo más que una entrevista: hechos, control y una explicación que no suene a exculpación automática del vecino del sur.
