Ayuso ha encontrado un talismán: un borrador de contrato de alquiler del 22 de julio. Lo enseña en OKDiario, lo amplifican EFE y elDiario.es, y con eso pretende dar carpetazo al ático de Chamberí. «Rotundamente falso» que se le comprara una casa. «Me quieren hacer daño». El problema no es que buscara piso. El problema es que la Comunidad gastó 6,3 millones en abril, lo contó el país el 29 de julio y todavía hoy faltan respuestas básicas sobre quién ordenó, quién visitó y para qué servía exactamente aquel ladrillo público.

El calendario que vende la presidenta —piso visto a finales de junio, casi cerrado una semana antes de la filtración— convive con otro calendario menos amable. elDiario.es recuerda que ya en abril buscaba vivienda en Chamberí y que en esa búsqueda intervino su jefe de despacho. Su pareja puso a la venta el piso compartido a finales de julio. Ninguno de esos hechos prueba un delito. Todos juntos explican por qué la oposición no se cree el «chao pescao» de la puesta en venta.

Porque la venta tampoco es un final feliz. Planifica Madrid sacó el ático a unos 6,69 millones. El plazo de ofertas acabó de madrugada. El 16 se abren sobres; el 17 hay comparecencia del consejero García Martín. Más Madrid ya ha movido ficha en el Tribunal de Cuentas por posible menoscabo: si sumas compra, impuestos y gastos y vendes al precio de salida, el margen puede ser humo. Destinar el dinero a la sierra oeste suena bien en rueda de prensa; contablemente depende de cierres, dividendos y letras pequeñas.

Desde la izquierda la pregunta no es si Ayuso merece un enemigo íntimo llamado Sánchez. Es si una empresa pública puede comprar un ático de lujo con opacidad de club privado y después improvisar la salida cuando salta la tapa. Que no exista residencia oficial automática del presidente madrileño no limpia la operación: la hace todavía más extraña. ¿Reuniones? ¿Patrimonio? ¿Operación política? Tres semanas de verano no bastaron para entregar el expediente completo.

Mostrar un email de alquiler es legítima defensa mediática. No es rendición de cuentas. La rendición de cuentas es el expediente, la mesa de contratación, el precio final y la fiscalización externa. Hasta que eso no esté sobre la mesa, el ático sigue siendo lo que era el 29 de julio: una compra cara, una explicación floja y una presidenta que confunde contrataque con transparencia.