Christine Lagarde ha anunciado que abandona la presidencia del Banco Central Europeo el 7 de febrero de 2027, antes de que expire su mandato en octubre. El movimiento no es inocente: adelantar la fecha permite que Emmanuel Macron participe en la designación de su sucesor antes de las elecciones francesas de abril. Política europea en estado puro.

España en la rampa de salida, por fin

Desde que existe el BCE, España nunca ha ocupado su presidencia. Sí tuvo representación en la vicepresidencia —Luis de Guindos ocupó ese puesto hasta hace poco—, pero la silla grande, jamás. Ahora el Gobierno de Sánchez quiere cambiar eso y ha puesto todas las fichas en Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España.

Fuentes gubernamentales a ABC lo dicen sin ambages: van a «empujar y apoyar activamente» su candidatura. El argumento es tan sencillo como arriesgado: «le toca a España». Italia, Francia, los Países Bajos... todos han presidido el BCE. España, no. Históricamente justo, políticamente frágil.

La rareza: PP y Gobierno en el mismo bando

Lo que convierte este momento en algo más que ruido mediático es que el Partido Popular también respalda a De Cos. No hay pacto formal firmado —que conste—, pero el apoyo es real y transversal. En un país donde PP y PSOE llevan años sin ponerse de acuerdo en casi nada, que coincidan en un candidato europeo de esta envergadura es, como mínimo, una anomalía útil.

El problema es que esa unanimidad doméstica vale lo que vale si no se traslada a Berlín y París. Porque quien decide en el Eurogrupo y en el Consejo Europeo no es la Moncloa ni Génova: son los grandes. Y los grandes tienen sus propios candidatos y sus propios intereses.

El rival: Klaas Knot y la palanca holandesa

El otro nombre que circula con fuerza es Klaas Knot, gobernador del banco central de los Países Bajos. Perfil ortodoxo, buenas relaciones con el Bundesbank, conocido en los círculos de Fráncfort. No es un candidato menor. Y los Países Bajos, aunque no tienen el peso de Alemania o Francia, saben moverse en las capitales europeas con discreción y eficacia.

De Cos tiene credencial técnica de sobra: economista sólido, historial en el Banco de España, cara conocida en el BCE. Pero la percepción de independencia —fundamental para el cargo— puede verse comprometida si su candidatura se convierte en el megáfono de una Moncloa que atraviesa sus propias turbulencias domésticas. Ese es el riesgo real, y no es menor.

El calendario de noviembre: todo pasa en tres semanas

El Gobierno no tiene margen para perder el tiempo. Noviembre llega con una agenda europea densa: el 9 de noviembre hay Eurogrupo; el 13, Consejo Europeo informal; el 17 y 18, Consejo ordinario; y el 26 y 27, un Consejo extraordinario. En esas fechas se cocerá buena parte del posicionamiento entre capitales.

Pedro Sánchez y el ministro Carlos Cuerpo tienen trabajo por delante en dos frentes simultáneos: la vía alemana y la francesa. Sin al menos una de las dos, el argumento del «turno español» se queda en eslogan de campaña sin traducción en votos europeos.

De Cos ya se ha movido: reuniones con Merz y Macron

El propio De Cos no ha esperado sentado a que le lleguen los apoyos. Según ABC, ya se ha reunido con Friedrich Merz y con Emmanuel Macron para reforzar su candidatura. Es el movimiento correcto: la presidencia del BCE se vende en las cancillerías, no en los platós ni en los tuits. Lo que aún no se sabe —y es lo que importa de verdad— es cómo han salido esas conversaciones y qué compromisos, si alguno, se han deslizado sobre la mesa.

La trampa del «turno español»

Aquí la advertencia que merece la pena lanzar con claridad: la presidencia del BCE no se gana con el argumento del turno. En Bruselas y Fráncfort eso suena a política de cuotas. No lo van a decir en público, pero lo piensan. La silla del BCE se gana con credencial técnica, con independencia percibida —real, no solo declarada en rueda de prensa— y con alianzas concretas en las capitales que mandan.

Que PP y Gobierno coincidan en De Cos es una rareza útil, casi histórica en el actual clima político español. Sería un error mayúsculo desperdiciarla convirtiendo la candidatura en foto de partido, en arma arrojadiza de la bronca del 29-N o en argumento de campaña. De Cos necesita aparecer ante Berlín y París como el candidato de España, no como el candidato de Sánchez con el aval del PP.

Si el Gobierno juega bien sus cartas —y si De Cos mantiene el perfil técnico e independiente que lo define—, España tiene una oportunidad real que no había tenido nunca. Si lo convierte en ruido doméstico, la oportunidad se evapora. Y entonces le tocará a Knot.