800 pisos. España entera. Y el presidente hablando como si hubiera reabierto el grifo de la vivienda. Casa 47 llega con portal bonito, promesa de 1.500 más «muy pronto» y cero oferta en las dos ciudades donde el alquiler te come vivo: Madrid y Barcelona. Si eso es «cambiar las reglas del juego», el juego sigue siendo el mismo: titulares hoy, lista de espera mañana.
Los hechos, sin adorno. El 7 de septiembre el Gobierno presentó el portal de la entidad estatal de vivienda. Moncloa, El Mundo, ABC/EFE, Antena 3 e Infobae sitúan la salida en torno a 800 inmuebles de alquiler asequible, con precios reportados entre 350 y 1.066 euros. Habrá ampliación anunciada de unas 1.500. El desglose periodístico reparte hoy Asturias, Cataluña provincial, Castellón, Valencia, Alicante, Navarra y Galicia. Andalucía, denuncia la Junta, arranca con «cero». Madrid ciudad y Barcelona ciudad, según Infobae, tampoco figuran.
Traducción para quien paga 1.200 por un salón-cocina: el Estado te invita a un sorteo notarial en provincias que no son tu vida. Requisitos de nacionalidad, no tener casa en propiedad y no pasarte de renta. Se puede optar a varias convocatorias. Muy civilizado. Muy insuficiente.
Sánchez justifica la intervención porque el mercado está «roto» y «dislocado». Puede estarlo. Eso no convierte 800 llaves en política de oferta. Sin suelo ágil, sin licencia rápida, sin seguridad jurídica para quien construye y alquila en serio, el portal es escaparate. El ataque al ático de más de seis millones de la presidenta madrileña funciona en mitin; no construye un metro cuadrado en Vallecas ni en Nou Barris.
La derecha liberal-conservadora no niega que haya familias ahogadas. Niega la magia del cupo simbólico. Si el parque público se blinda «para siempre», bienvenido el control de que no se privatice a precio de saldo. Pero el cuello de botella español no se resuelve solo con entidad estatal y web: se resuelve con más casas donde la demanda aprieta, con rehabilitación y con reglas que no castiguen al pequeño propietario hasta echarlo del mercado del alquiler.
Isabel Rodríguez vende cambio de reglas. Los números venden otra cosa: escala de municipio mediano disfrazada de giro de país. Cuando el Gobierno compare 800 con el stock que necesitaría solo el área metropolitana de Madrid, el marketing se cae solo.
Mientras tanto, el contribuyente paga el relato. Portal, rueda de prensa, contraste moral con Ayuso. Falta lo único que baja el precio de verdad: oferta abundante. Casa 47 puede ser embrión útil. Hoy es, sobre todo, una foto de 800 pisos y un mapa con agujeros en las capitales que deciden elecciones y alquileres.
