Jueves 29 de octubre, Santa Cruz de Tenerife. Los directores generales de CEAR, Mauricio Valiente y Mónica López, se sientan con el presidente de Canarias, Fernando Clavijo. No es una foto de protocolo. Es una conversación sobre algo que se está yendo de las manos.
La campaña del 29-N lleva semanas convirtiendo la migración en combustible electoral. Y eso, según CEAR, tiene consecuencias muy concretas sobre el terreno: las organizaciones que trabajan con personas refugiadas y migrantes están siendo hostigadas como nunca antes.
«Nunca antes se había visto una situación igual»
Valiente fue directo. «Nunca antes se había visto una situación igual de hostigamiento a las organizaciones sociales», dijo. No habla de insultos anónimos en redes. Habla de un deterioro sistemático del clima en torno al trabajo humanitario.
Y señaló un origen claro de esa escalada: los discursos de responsables políticos. Sin dar nombres, pidió «responsabilidad» de cara a la campaña electoral. El mensaje es sencillo: cuando desde arriba se llama a la ciudadanía a tener miedo del que llega, los de abajo acaban haciéndoselo pagar a quienes los ayudan.
No es una acusación abstracta. Es lo que documenta una organización que lleva décadas en primera línea.
Las cifras que nadie quiere gestionar en serio
Mientras el debate político se llena de ruido, las costas canarias no paran. Según datos trasladados por el propio Gobierno de Canarias, cerca de 4.000 personas han llegado al archipiélago en octubre, un 240% más que en el mismo periodo del año pasado. El Hierro concentra cerca de 3.000 de esas llegadas solo en lo que va de mes.
Son números que hablan solos. Y que exigen respuestas de verdad, no titulares duros.
Clavijo lo tiene claro: necesita más recursos y más coordinación con el Estado. Está esperando respuesta a una carta enviada a Pedro Sánchez pidiendo medidas urgentes. Reclamó una interlocución estable y la convocatoria de una Junta de Seguridad. Y advirtió de que el nuevo marco europeo ofrece menos garantías de las que se esperaba.
El Pacto Europeo: años negociando, cero preparación para aplicarlo
Aquí está uno de los asuntos más graves que salió de la reunión. Tanto CEAR como el Gobierno canario coinciden en el diagnóstico: el Pacto Europeo de Migración y Asilo, aprobado tras años de negociaciones interminables, se está aplicando en España sin formación suficiente, sin personal adecuado y sin instrucciones claras.
Valiente lo resumió con precisión: un pacto que tardó años en elaborarse no se preparó bien para su aplicación. La responsabilidad recayó sobre los funcionarios. Sin medios. Sin guías. Sin saber exactamente qué se espera de ellos en cada caso.
El resultado es una aplicación irregular, desigual, que depende más del criterio de cada persona que de una política coherente. Eso no es un Estado de derecho funcionando. Es un Estado de derecho improvisando.
Y como si todo esto no fuera suficiente, desde Bruselas ya se habla de reformar el reglamento Frontex antes de que el tintero del pacto esté seco. Valiente avisó: legislar en caliente es mala idea. Primero hay que aplicar lo que ya existe, evaluarlo con rigor, y entonces ver si hace falta retocar algo.
Los menores y la propuesta que es más teatro que política
Uno de los debates más calientes de la campaña es el de los menores no acompañados. Desde el PP han propuesto devolverlos a sus países de origen. La posición de CEAR tiene lógica y respaldo legal: si hay familia localizable, la prioridad es la reagrupación familiar. Si no la hay, se activan los procedimientos de desamparo. Es decir: lo que dice la ley. Lo que dicen los convenios internacionales de protección de la infancia.
La propuesta de devolver a esos niños y niñas a sus países de origen, en cambio, la calificó Valiente de algo más cercano a una declaración «de cara a la galería» en un contexto de xenofobia creciente que a una medida razonablemente aplicable. No es política migratoria. Es marketing electoral con menores como escenario.
Un decálogo frente al ruido
Días antes de la reunión, CEAR había presentado su propio decálogo de propuestas para el 29-N. Sin retórica inflamada. Con medidas concretas: ampliar las vías legales de acceso, acabar con las detenciones en frontera como norma automática, no aplicar listas de países seguros que convierten el peligro en trámite, rechazar los centros de retorno en terceros países, aplicar el pacto en su versión más favorable, y articular un acuerdo real contra los discursos de odio.
Es decir: exactamente lo contrario de lo que domina la campaña.
La pregunta que queda en el aire
Canarias pide recursos. CEAR documenta hostigamiento y chapuza institucional. El Hierro recibe más llegadas en un mes que en periodos anteriores enteros. Y la respuesta de parte del espectro político es proponer devoluciones de menores.
La migración no se resuelve con titulares duros. Se gestiona con funcionarios formados, con organizaciones humanitarias que puedan trabajar sin miedo, con un pacto europeo que se aplique de forma uniforme y con garantías reales, y con vías legales que reduzcan la presión sobre las costas.
Lo que no funciona, a estas alturas debería estar claro, es el ruido. El ruido solo sirve para una cosa: ganar elecciones. Las consecuencias las pagan otros.
