En Ceuta la frontera no solo se vigila de día. Según una investigación de elDiario.es, actualizada este sábado, varios menores migrantes que llegaron con la entrada masiva del verano aseguran haber sido devueltos de madrugada a Marruecos sin el procedimiento que exigen la Ley de Extranjería y la protección de menores.
El relato no es abstracto. Tres adolescentes ya en Marruecos cuentan que les dijeron ser niños y que eso no cambió el final del trayecto: la valla del Tarajal, la puerta en la alambrada y el otro lado. elDiario.es afirma haber visto y grabado operativos nocturnos en los que furgones de la Guardia Civil llevan a personas hasta el perímetro y las acompañan hacia territorio marroquí.
La ley, en papel, no admite atajos. Cuando hay indicios de minoría de edad, el caso debería estudiarse uno a uno, con asistencia y con el control que corresponde a la Fiscalía. No es un favor: es el mínimo para no convertir a un menor en un paquete de frontera. Los testimonios recogidos por el medio hablan justo de lo contrario: redadas, traslados y entrega forzosa.
Uno de los casos es el de Mohamed, de 15 años. Llegó a nado el 30 de julio. Dice que la madrugada del 8 de septiembre esperaba cerca de la Almadraba porque corría la voz de que allí iban a registrar a menores para llevarlos a un centro. Confió. Luego, según su versión, el camino terminó en Castillejos, otra vez en Marruecos, sin la tutela que se le debía en España.
Hay más. Rayane, de 17, y otro chaval de 16 habrían sido interceptados de regreso al Tarajal; uno habría mostrado papeles de edad. Achraf, también de 17, relata que se lanzó al mar para auxiliar a alguien que entraba a nado y, aún mojado, fue expulsado “como si acabara de llegar”, pese a llevar cerca de un mes en la ciudad. Si el relato se sostiene, la frontera no solo empuja: reescribe el calendario.
Interior niega el marco. Fuentes del ministerio de Grande-Marlaska dicen a elDiario.es que devoluciones y expulsiones en Ceuta las ejecuta la Policía Nacional, con mandato o autorización judicial, y que la Guardia Civil no tiene competencia para hacerlo sin expediente. Añaden que, si algún agente hubiera actuado fuera de la ley, se investigaría y se sancionaría.
El choque es de hechos, no de eslóganes. El medio sostiene haber presenciado al menos cuatro operativos de retorno en las madrugadas del 10 y 11 de septiembre con vehículos del Instituto Armado. En uno de ellos, un joven salió corriendo del coche, se metió en el agua gritando que no quería Marruecos y, al salir, fue escoltado hasta la puerta. Eso no parece una despedida voluntaria.
Mientras tanto, la crisis de Ceuta se discute en Madrid como si solo hubiera un tablero: avisos del CNI, dimisiones y comunicados. Falta la pregunta incómoda: qué pasa con los menores que ya están dentro y no caben en un titular de soberanía. Si España exige procedimiento para expulsar a un adulto, no puede improvisar con un niño porque la frontera arde.
Nadie niega la presión sobre la ciudad ni el derecho del Estado a controlar el perímetro. Lo que no cabe es que la urgencia borre la edad. Un menor no es un “irregular” de talla pequeña: es alguien a quien la ley obliga a mirar dos veces antes de empujar. Si las imágenes y los testimonios se confirman, el problema no es solo migratorio. Es de Estado de derecho en la madrugada.
