El barómetro de julio del CIS no trae una foto cómoda para la derecha. Según el propio Centro de Investigaciones Sociológicas, el PSOE aparece como primera fuerza con el 33% de estimación de voto, por delante del PP, que queda en el 25,1%. Vox se sitúa en el 15,3% y Sumar en el 6,1%. Podemos aparece con el 2,5% en las informaciones publicadas sobre el avance. La distancia entre socialistas y populares ronda los ocho puntos.
La lectura fácil sería convertir esto en una porra más. Gana Sánchez, pierde Feijóo, Vox aguanta. Pero el dato más político está en otra parte: la vivienda vuelve a aparecer como el principal problema de España. elDiario.es recoge que la citan el 43% de los encuestados como problema del país, y que también es lo que más afecta personalmente a la ciudadanía. Traducido: mientras media política discute si la campaña debe girar alrededor de identidades, fronteras o escándalos, la gente sigue mirando el precio del alquiler y la hipoteca.
La vivienda no cabe en un eslogan
La derecha tiene un argumento evidente: el CIS de José Félix Tezanos es discutido, y ningún partido sensato debería tomarlo como si fuera el escrutinio de unas generales. Correcto. Pero incluso con esa cautela, el barómetro señala algo que no depende de Tezanos: el malestar material no desaparece porque el Congreso cambie de tema. Si la vivienda encabeza la lista mes tras mes, no es porque falte propaganda; es porque faltan casas asequibles donde vivir sin entregar medio sueldo.
También sube la preocupación por la inmigración. EL PAÍS y elDiario.es la sitúan como segundo problema del país en este sondeo, en pleno debate por regularización, fronteras y voto exterior. Ese dato merece tomarse en serio, no despacharlo como simple ruido reaccionario. Pero la trampa está en usarlo para tapar lo demás. Una política progresista que no hable de seguridad cotidiana, convivencia y servicios públicos se queda coja. Una derecha que use la inmigración para esconder la vivienda, los salarios y la sanidad juega a apagar incendios con gasolina electoral.
El CIS no salva al Gobierno; le señala la tarea
Para el Gobierno, el titular de ventaja electoral puede sonar a alivio después de semanas duras. Sería un error leerlo así. El sondeo se hizo entre el 1 y el 6 de julio, antes de la condena de David Sánchez, hermano del presidente, y en un clima político ya cargado por casos judiciales, pactos autonómicos y bloqueo parlamentario. Una encuesta favorable no borra una legislatura atascada ni convierte en mayoría estable lo que en el Congreso son votaciones al límite.
Lo útil del CIS, más que el marcador, es la lista de deberes. Vivienda primero. Economía doméstica después. Sanidad y servicios públicos en la vida real. Si el Gobierno quiere que la ventaja demoscópica no sea una postal de verano, necesita convertir el relato en decisiones que se noten. Y si la oposición quiere disputar el país, tendrá que hacer algo más difícil que gritar “Tezanos”: explicar qué haría con los alquileres, qué servicios recortaría o blindaría y cómo piensa gobernar con una extrema derecha que empuja el debate hacia la identidad.
La política española lleva meses viviendo de escándalo en escándalo, de sentencia en sentencia y de choque institucional en choque institucional. El CIS recuerda una cosa bastante menos épica: al final, el país vota con la cartera, con el contrato de alquiler y con la sensación de si el futuro cabe en casa. Ahí se gana o se pierde mucho más que una rueda de prensa.
