El miércoles 2 de septiembre no solo se celebra el Día de Ceuta. Se mide, plaza por plaza, quién manda el relato de la crisis migratoria. La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha convocado concentraciones a las 20:00 horas ante los ayuntamientos de toda España. El PP las presenta como un gesto “apartidista” de apoyo a la ciudad autónoma. Ferraz responde que son concentraciones contra Sánchez. Misma hora, misma plaza, dos países mentales.

El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha pedido por carta que “todos los españoles” se sumen a las protestas por lo que describe como un “atropello sin precedentes” a su territorio y su soberanía tras la entrada masiva de inmigrantes de finales de julio. Insiste en que la convocatoria “no está marcada por el color político ni por las ideologías”. Alberto Núñez Feijóo ha compartido ese mensaje en X y el PP ha cerrado filas. El portavoz popular, Borja Sémper, ha pedido en RNE que el PSOE reconsidere su ausencia y ha repetido la palabra mágica: apartidista.

El problema para esa tesis es de calendario y de firma. La FEMP está presidida por la alcaldesa de Jerez, María José García Pelayo, del PP. Fuentes de la dirección federal del PSOE aseguran a laSexta que la convocatoria se lanzó de forma unilateral, sin el consenso interno que hasta ahora se buscaba con todos los grupos. De ahí el diagnóstico de Ferraz: no ven solidaridad municipal; ven un escenario de oposición con bandera de ciudad fronteriza.

Montse Mínguez lo dijo sin anestesia tras la primera Ejecutiva Federal del PSOE al volver de agosto: “¿Alguien se cree a estas alturas que al PP en estos momentos le importa Ceuta?”. Acusó a los populares de utilizar la crisis “contra el presidente del Gobierno”, en la misma línea —dijo— que Torre Pacheco o los incendios. Es el argumento clásico de la Moncloa sitiada: cada emergencia territorial se convierte en ariete parlamentario. El PP contesta con el argumento espejo: si Ceuta arde y el Gobierno minimiza, callarse sería complicidad.

La foto interna del socialismo no ayuda a Ferraz. El PSOE de Ceuta ha anunciado que sí acudirá a la manifestación del día 2 “al lado” de la gente. Su Comisión Ejecutiva Regional lo ha dejado por escrito a la militancia: se puede defender derechos humanos y rechazar xenofobia sin renunciar a exigir seguridad, control de frontera y normalidad. “Somos socialistas y somos ceutíes, y no existe ninguna contradicción entre ambas cosas”. La dirección federal dice que “entiende” esa posición local y que no prohíbe a nadie ir. Traducción: no hay disciplina de partido que aguante el coste de ausentarse en la propia Ceuta.

Tampoco hay monolito fuera del PSOE. El alcalde socialista de León, José Antonio Díez, se ha mostrado dispuesto a participar. En Ferraz lo despachan como “versos libres”. IU, por boca de Antonio Maíllo, no irá: sostiene que las concentraciones “no tienen nada que ver con la solidaridad” y anuncia una iniciativa para que Andalucía acoja inmigrantes y destense Ceuta. Arnaldo Otegi (EH Bildu) va más lejos y habla de un interés de la extrema derecha por capitalizar los sucesos; prevé que en Euskadi y Navarra las protestas pasen “sin pena ni gloria”.

Feijóo, mientras tanto, diseña jornada completa. Estará en Ceuta en la mañana del 2 de septiembre y por la tarde se sumará a la movilización de Madrid. No es una nota al margen. Es una puesta en escena de liderazgo territorial: primero la ciudad herida, después la capital del relato. Si el PP quería demostrar que la crisis no es un invento de tertulia, el itinerario es elocuente.

El fondo político es más duro que la disputa semántica sobre si la convocatoria es o no partidista. Lleva un mes de tensión, miles de migrantes en la calle y un déficit de plazas de acogida que el propio Gobierno intenta ahora tapar con un plan de choque económico. En ese clima, una federación municipal presidida por el PP convoca a todos los ayuntamientos; el Gobierno habla de manipulación; los socialistas ceutíes se desmarcan de la consignas de Madrid; y la izquierda confederal se niega a legitimar lo que considera un marco de alarma securitaria. El resultado es una España municipal partida en tres: quien se manifiesta “por Ceuta”, quien se manifiesta “contra Sánchez” según el rival, y quien se queda en casa denunciando instrumentalización.

Hay una pregunta incómoda que ni Feijóo ni Ferraz contestan del todo. Si la convocatoria es realmente apartidista, ¿por qué necesita el PP convertirla en eje de su agenda del 2 de septiembre? Y si es un ataque al presidente, ¿por qué el PSOE de Ceuta no puede permitirse mirar hacia otro lado? La respuesta práctica es local: en una ciudad desbordada, la ausencia se lee como abandono. La respuesta nacional es otra: quien controle el emoticono de “apoyo a Ceuta” controla también el juicio sumarísimo sobre la gestión del Gobierno y sobre la relación con Marruecos.

El miércoles lo dirán las plazas. No con un escrutinio oficial, sino con la geometría de las pancartas, de los alcaldes presentes y de los huecos dejados por quienes prefieren no legitimar el marco. Ceuta lleva semanas pidiendo Estado. El 2 de septiembre descubrirá cuánto de ese grito es solidaridad municipal… y cuánto es guerra política con ayuntamiento de decorado.