La EPA deja una foto muy potente para el Gobierno: España sumó 486.000 ocupados en el segundo trimestre y alcanzó 22.779.000 personas trabajando. La tasa de paro bajó al 9,87%, otra vez por debajo del 10%. Dicho sin rodeos: es un dato de los que Moncloa imprime en grande y la oposición prefiere leer con lupa.

El INE, que es la fuente que manda aquí, también cuenta la parte menos de eslogan: la población activa creció en 272.700 personas, hasta 25.274.300, y el paro se redujo en 213.300, hasta 2.495.300. No es solo que haya menos paro; es que hay más gente dentro del mercado laboral. Eso importa, porque un país no mejora escondiendo trabajadores fuera de la estadística.

El empleo subió sobre todo en servicios, con 394.000 ocupados más. La construcción añadió 60.000 y la industria 38.200. La agricultura, en cambio, perdió 6.200. El segundo trimestre siempre viene empujado por el verano, el turismo y las contrataciones de temporada. Por eso conviene no venderlo como milagro estructural sin más. Pero tampoco minimizarlo como si medio millón de empleos fueran una anécdota.

Hay otro dato que cambia el tono de la discusión: el empleo privado aumentó en 501.600 personas, mientras el público bajó en 15.600. Esto complica el marco fácil de que todo crecimiento descansa en nóminas públicas. En esta EPA, la palanca principal está en empresas, hoteles, comercios, obra y actividad privada real.

La lectura progresista es evidente: cuando el empleo crece, el debate social gana oxígeno. Bajaron en 86.500 los hogares con todos sus miembros activos en paro, hasta 764.200. Y subieron en 228.800 los hogares con todos sus activos ocupados. Para una familia, esa diferencia no es macroeconomía: es llegar a fin de mes con algo menos de miedo.

Ahora bien, la letra pequeña sigue ahí. El paro femenino continúa en el 11,02%, por encima del masculino, que queda en el 8,84%. El número de autónomos cayó en 42.900 personas. Y el empleo temporal también subió, con 142.300 asalariados temporales más. Buen dato, sí. Barra libre de triunfalismo, no.

Pedro Sánchez ha usado el balance de curso para defender que España avanza “con fuerza” y que la legislatura tiene recorrido. El PSOE lo ha convertido en argumento político: crecimiento, empleo y estado del bienestar frente al “catastrofismo”. Es una narrativa con datos a favor, pero necesita responder a una pregunta incómoda: cuántos de esos puestos resisten cuando se apaga la música del verano.

La derecha hará bien si no niega el dato. Negarlo suena a enfado con la realidad. Su espacio está en preguntar por salarios, coste de vida, productividad, autónomos y dependencia del turismo. La izquierda hará bien si no confunde una EPA buena con una vida resuelta. Porque España puede batir récords de ocupación y, al mismo tiempo, tener trabajadores que siguen sin poder pagar alquiler, criar hijos o ahorrar.

La noticia, por tanto, no es “España va perfecta”. La noticia es más concreta y más interesante: el mercado laboral llega al verano con músculo, menos paro y más actividad, pero con desequilibrios que siguen exigiendo política de verdad. El empleo da aire. No sustituye a la vivienda, ni a los salarios, ni a una economía menos estacional.